jueves, 22 de julio de 2021

Exclusión y estigma en tiempos de pandemia

 

Ha pasado más de un año desde que el mundo se detuvo. Más de un año de aquella alerta sanitaria que iba a tenernos en nuestras casas 14, 28, 56… días, y más…

Vienen a nuestra memoria situaciones y vivencias distópicas, de pesadilla, también recuerdos de solidaridad y empatía, aplausos… Y también policías de balcón, inseguridad y miedo.

Algunos colectivos especialmente vulnerables vivieron aquellos tiempos con especial crudeza, sometidos al escrutinio y al estigma, una vez más. Me refiero a las personas con trastornos mentales graves y, especialmente, las que están más excluidas de la sociedad, como las personas con trastorno mental grave que viven en la calle, que carecen de un hogar.

Muchas de ellas fueron atendidas en aquel confinamiento, en centros habilitados en polideportivos y albergues. Algunas no pudieron sobrellevarlo y volvían a la calle, y fueron, con frecuencia, amonestadas e insultadas por ello. Otras muchas se aislaron en sus casas, incluso hubo quien pudo ver confirmados sus temores ante una amenaza, en este caso, real.

Las personas con trastorno mental grave pueden tener serias dificultades para un autocuidado eficiente, así como una pérdida en sus habilidades para relacionarse con pares, lo que los lleva a un aislamiento con frecuencia penoso. Por ello precisamente es necesaria la atención sanitaria desde el respeto a sus valores, creencias y modo de vida. Salvar barreras y establecer relaciones de confianza son elementos esenciales para una buena atención y un buen cuidado.

La atención que varios equipos sanitarios especializados (los Equipos de Tratamiento Asertivo Comunitario) llevaron a cabo en los centros habilitados para personas sin hogar permitieron establecer contacto con personas con trastorno mental grave que, quizá en otro contexto, no se hubieran dado. ¿No hay mal que por bien no venga? Difícil calibrarlo.

Quizá no era un marco terapéutico idóneo, ni existía, tal vez, una garantía de confidencialidad propia de una consulta al uso. Pero quizá tampoco la situación pandémica era muy usual. Y, tal vez, a las personas que fueron atendidas tampoco les importaran estas pequeñas transgresiones del marco sanitario normativo. Pero la escucha, el acompañamiento y la cercanía son elementos terapéuticos extraordinariamente potentes, se den donde se den.


Artículo 5 del Código de Deontología Medica:

1. La profesión médica está al servicio del ser humano y de la sociedad. Respetar la vida humana, la dignidad de la persona y el cuidado de la salud del individuo y de la comunidad son los deberes primordiales del médico.

2. El médico debe atender con la misma diligencia y solicitud a todos los pacientes, sin discriminación alguna.

 

Artículo 18 del Código de Deontología Medica:

El lugar donde se preste la asistencia sanitaria deberá ser acorde con la dignidad y el respeto que merece el paciente y contará con los medios adecuados para los fines que ha de cumplir.

 

Izaskun Elortegi Kaiero, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.

 

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