martes, 23 de febrero de 2021

COVID, la macroinvestigación en la pandemia

 

La investigación médica tiene una regulación extensa, pero en nuestro caso quiero destacar como nuestro Código Deontológico vigente en su Artículo 59.1 indica: La investigación médica es necesaria para el avance de la medicina, siendo un bien social que debe ser fomentado y alentado”.

Habitualmente no tenemos gran conocimiento sobre lo que se investiga hasta que ésta finaliza y llega a buen puerto. En el caso del COVID-19 esto ha sido diferente, hemos podido ir constatando el día a día del avance en su investigación. Además, toda la investigación realizada ha supuesto en este último año, el mayor número de publicaciones científicas de la historia de la Medicina con el mismo denominador común. Diariamente podemos encontrar en PubMed y/o otras fuentes de acceso bibliográfico los nuevos artículos publicados al respecto.

Toda esta investigación ha sido un tanto diferente a otras investigaciones, dado que, se ha tenido que realizar desde el punto de partida de un virus nuevo, del que no conocíamos su estructura genética, ni sus síntomas o signos para poder diagnosticarlo, y poder tratarlo, ni cuáles eran los medios y/o medidas para prevenirlo, y por supuesto la investigación de las diferentes vacunas, investigación que se ha realizado acortando los tiempos, pero no las etapas que requieren cualquier investigación y este último extremo entiendo es de suma importancia destacarlo.



Actualmente, seguimos centrados en las vacunas debido a las mutaciones del COVID, y también en los posibles tratamientos, pero hay que destacar una o dos líneas importantes de la investigación, concretamente me estoy refiriendo a las posibles secuelas que produce este virus y a los nuevos síntomas/signos. En este aspecto me parece importante señalar que no es raro encontrar cada semana publicaciones con nuevos síntomas y signos, demos unas pinceladas en este sentido: hace unos días los signos que se producen a nivel de la lengua, y respecto a las secuelas la posible aparición de diabetes en los pacientes que han superado un contagio grave de COVID-19.

Si hace un año, cuando disponíamos de un conocimiento escaso del COVID-19, y las opciones que teníamos para combatirlo eran limitadas, nos hubiesen mostrado lo que íbamos a conocer y disponer actualmente, seguramente hubiéramos hablado poco menos que de ciencia ficción.

Para finalizar, señalar que en el caso del COVID-19 esta “ciencia ficción” que es su duro trabajo de investigación, entendemos se ha visto cumplido el Artículo 59.1 La investigación médica es necesaria para el avance de la medicina, siendo un bien social que debe ser fomentado y alentado”, y esperemos que cuando su investigación deje de estar en la cresta de ola, no le pase como a otros aspectos de la investigación biomédica que se ve sometida a la escasos medios tecnológicos, precariedad de recursos económicos y limitado reconocimiento social, cuando en realidad constituye un bien necesario para alcanzar desde el ejercicio de la Medicina el bien social.

Andrés Sellart Nieto, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.