domingo, 24 de enero de 2021

La mascarilla, complemento de moda o necesidad sanitaria


La mascarilla ha pasado de ser un “equipo de protección individual” en el mundo laboral, a convertirse en una parte más de nuestro día a día.

Cuando por ley todos comenzamos a usar mascarilla, ésta pasó a ser un complemento de moda, las tenemos de colores, por marcas de ropa o deportiva, con banderas de los diferentes países, equipos deportivos, incluso la “mascorbata”, descrita en los medios de comunicación como “la corbata que se convierte en mascarilla para dejar estupefacta a toda la oficina”.

La realidad, aunque duela escribirla es ésta, no nos preocupamos de si llevamos una mascarilla que nos proteja más o menos, sino de cómo nos queda. En este sentido, creo que podemos encontrar varios culpables, ya que simplemente en los medios de comunicación no hacemos más que ver estos diferentes tipos de mascarillas que conjuntan a la perfección con quien se la pone.

Probablemente, cuando se lean estas líneas habrá quien piense que lo importante es llevar mascarilla para estar protegido, y es cierto, aunque en este sentido también señalar que es importante llevarla, pero bien colocada. Si salimos a la calle podemos observar diferentes formas de llevarla, la mascarilla “pinocho”, esa que no nos cubre la nariz, la “gargantilla” que solo se preocupa de nuestro cuello, la “bolso” que queda muy chic colgando del codo, la “unicornio” colocada estratégicamente para proteger el cerebro, y la “invisible”, la que todavía algunos se niegan a llevar.

Visto como la llevamos, es interesante mencionar cuando, y en este sentido creo importante mencionar las argucias existentes para no llevarla, cuando fumamos, comemos, bebemos, nos sentamos en la terraza de un bar y parece que ya no es necesario llevarla y, por último, aunque seguro que me olvido de alguna, cuando hablamos por el móvil. Aunque parezca mentira, parece ser que las ondas de sonido no atraviesan la mascarilla y no se puede transmitir el sonido al móvil, o eso deben pensar algunas personas.



Como he dicho antes, y no para defender a las personas que no cumplen con las normas, quizás la culpa no sea suya, sino de la falta de formación y ejemplo de cómo llevarlas. En televisión podemos ver como dan las noticias sin mascarilla, como en los diversos programas del corazón entre otros no hay mascarillas, y como las mascarillas que llevan algunas personas son simplemente higiénicas, de tela o a juego con su puesto de trabajo. También en este sentido, me gustaría hacer referencia a lo escuchado en un programa de televisión, en el que el presentador y los entrevistados, ni mantenían la distancia, ni llevaban mascarilla, eso sí, habían comenzado el programa diciendo que se habían realizado una PCR el día anterior y no había peligro, más que información, desinformación.

Para terminar, solo quiero hacer hincapié en la necesidad de llevar mascarilla correctamente, cada uno la que pueda, pero a mala que sea, siempre es mejor que nada, y cada vez que nos la quitemos, pensemos que no solo no nos estamos protegiendo nosotras, sino que estamos poniendo en riesgo al resto de la población.

Kepa Mirena San Sebastián Moreno, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.

lunes, 11 de enero de 2021

Concienciación de la juventud, y del resto también.


En noviembre asistimos a las fiestas de botellón de adolescentes en Artxanda y también a las trifulcas y alborotos de Vitoria-Gazteiz. El comentario de la chavalería era que entendía el problema del virus, pero que tenía derecho a divertirse. Seguramente sin caer en la cuenta de que el que mejor se lo estaba pasando era el virus.

También asistimos al “Black Friday” y el comentario generalizado de las personas paseantes era que había demasiada gente, como si entre “esa gente” no se sintieran concernidos.

El pasado ocho de diciembre nos sorprendimos de nuevo con la frase “que nos quiten lo bailao”, perteneciente a una fiesta ilegal celebrada en Derio por 67 jóvenes, que no menos retirarse ante la presencia de la autoridad, continuaron jactándose de lo que estaban haciendo, y solicitaban su marcha para continuar.

Este fin de año se han repetido por infinidad de lugares los cotillones o fiestas ilegales, tal y como hemos podido observar en los medios de comunicación.

Lo cierto es que el virus SARSCOV2 es altamente contagioso y la pandemia COVID ha puesto de manifiesto la importancia de las conductas individuales para controlar su propagación.

Podríamos decir que, en general, a la ciudadanía nos gusta que alguien mande, sentir que hay responsables a quienes responsabilizar y/o culpabilizar; de modo que quepa exigir a las y los demás el cumplimiento de las normas, mientras -a título individual- ver cómo podemos saltarnos esas obligaciones, disfrutando sobremanera y presumiendo además de ello, cuando hemos sido capaces de conseguirlo.

En realidad, nos hacemos trampas al solitario.



Debemos entender, de una vez por todas, cuáles son los riesgos y asumir nuestro papel, el de cada persona en esta pandemia, porque si bien las normas son generales, su cumplimiento es individual.

Apelar a la responsabilidad colectiva es lo mismo que exigir su justa reciprocidad de nuestra conducta individual, porque la salud de todas las personas está en riesgo.

Y ya sabemos que se contagian las y los más tontos ……y sus amigas y amigos.

Alberto Martínez Ruiz, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.