miércoles, 17 de marzo de 2021

Curso BUEN QUEHACER DEL MÉDICO VIÑETAS PRÁCTICAS 7 y 8

Hace casi un año, publicamos el reinicio de esta formación, con las viñetas de la uno a la seis, formación ofrecida por la OMC.

Actualmente se ha publicado la continuidad del curso con las viñetas prácticas 7 y 8, de la cual os dejamos información a continuación.

Está formación está encaminada a alcanzar una actuación profesional de excelencia. Concretamente, la descripción que hacen en la OMC del curso es el siguiente: "En 2016 el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos publicó el libro de El Buen Quehacer del Médico (en 2018 la tercera edición), inspirado en parte en el Good Medical Practice del General Medical Council británico, y que tiene como objetivo servir de instrumento a los médicos para alcanzar una conducta irreprochable y una actitud acorde con las expectativas de la sociedad, es decir, una actuación profesional de excelencia. Para lograrlo, proporciona referencias éticas, deontológicas y legales para que los médicos, con su competencia, responsabilidad y ética, identifiquen esos principios y valores en cada circunstancia concreta y los tengan en cuenta a la hora de tomar decisiones en su quehacer diario. Sobre la base de esta publicación se han elaborado unas serie de viñetas prácticas, que representan diversas situaciones a las que se pueden enfrentar los clínicos con relativa frecuencia, y que permiten focalizar el análisis del buen y mal quehacer a través de una serie de situaciones, preguntas y discusiones articuladas en diversas etapas. Con una infografía muy atractiva, una pedagogía muy cuidada, y un trasfondo de comentarios de aprendizaje analizados concienzudamente en grupos de trabajo, las viñetas prácticas del BQM aportan una gran capacidad de reflexión bioética y de conducta profesional, y una fácil senda de aplicación al marco clínico que puede ser de gran ayuda a los médicos para revisar y mejorar su práctica con los pacientes"


Copyright © 2020, Fundación para la Formación de la OMC 

martes, 23 de febrero de 2021

COVID, la macroinvestigación en la pandemia

 

La investigación médica tiene una regulación extensa, pero en nuestro caso quiero destacar como nuestro Código Deontológico vigente en su Artículo 59.1 indica: La investigación médica es necesaria para el avance de la medicina, siendo un bien social que debe ser fomentado y alentado”.

Habitualmente no tenemos gran conocimiento sobre lo que se investiga hasta que ésta finaliza y llega a buen puerto. En el caso del COVID-19 esto ha sido diferente, hemos podido ir constatando el día a día del avance en su investigación. Además, toda la investigación realizada ha supuesto en este último año, el mayor número de publicaciones científicas de la historia de la Medicina con el mismo denominador común. Diariamente podemos encontrar en PubMed y/o otras fuentes de acceso bibliográfico los nuevos artículos publicados al respecto.

Toda esta investigación ha sido un tanto diferente a otras investigaciones, dado que, se ha tenido que realizar desde el punto de partida de un virus nuevo, del que no conocíamos su estructura genética, ni sus síntomas o signos para poder diagnosticarlo, y poder tratarlo, ni cuáles eran los medios y/o medidas para prevenirlo, y por supuesto la investigación de las diferentes vacunas, investigación que se ha realizado acortando los tiempos, pero no las etapas que requieren cualquier investigación y este último extremo entiendo es de suma importancia destacarlo.



Actualmente, seguimos centrados en las vacunas debido a las mutaciones del COVID, y también en los posibles tratamientos, pero hay que destacar una o dos líneas importantes de la investigación, concretamente me estoy refiriendo a las posibles secuelas que produce este virus y a los nuevos síntomas/signos. En este aspecto me parece importante señalar que no es raro encontrar cada semana publicaciones con nuevos síntomas y signos, demos unas pinceladas en este sentido: hace unos días los signos que se producen a nivel de la lengua, y respecto a las secuelas la posible aparición de diabetes en los pacientes que han superado un contagio grave de COVID-19.

Si hace un año, cuando disponíamos de un conocimiento escaso del COVID-19, y las opciones que teníamos para combatirlo eran limitadas, nos hubiesen mostrado lo que íbamos a conocer y disponer actualmente, seguramente hubiéramos hablado poco menos que de ciencia ficción.

Para finalizar, señalar que en el caso del COVID-19 esta “ciencia ficción” que es su duro trabajo de investigación, entendemos se ha visto cumplido el Artículo 59.1 La investigación médica es necesaria para el avance de la medicina, siendo un bien social que debe ser fomentado y alentado”, y esperemos que cuando su investigación deje de estar en la cresta de ola, no le pase como a otros aspectos de la investigación biomédica que se ve sometida a la escasos medios tecnológicos, precariedad de recursos económicos y limitado reconocimiento social, cuando en realidad constituye un bien necesario para alcanzar desde el ejercicio de la Medicina el bien social.

Andrés Sellart Nieto, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.

domingo, 24 de enero de 2021

La mascarilla, complemento de moda o necesidad sanitaria


La mascarilla ha pasado de ser un “equipo de protección individual” en el mundo laboral, a convertirse en una parte más de nuestro día a día.

Cuando por ley todos comenzamos a usar mascarilla, ésta pasó a ser un complemento de moda, las tenemos de colores, por marcas de ropa o deportiva, con banderas de los diferentes países, equipos deportivos, incluso la “mascorbata”, descrita en los medios de comunicación como “la corbata que se convierte en mascarilla para dejar estupefacta a toda la oficina”.

La realidad, aunque duela escribirla es ésta, no nos preocupamos de si llevamos una mascarilla que nos proteja más o menos, sino de cómo nos queda. En este sentido, creo que podemos encontrar varios culpables, ya que simplemente en los medios de comunicación no hacemos más que ver estos diferentes tipos de mascarillas que conjuntan a la perfección con quien se la pone.

Probablemente, cuando se lean estas líneas habrá quien piense que lo importante es llevar mascarilla para estar protegido, y es cierto, aunque en este sentido también señalar que es importante llevarla, pero bien colocada. Si salimos a la calle podemos observar diferentes formas de llevarla, la mascarilla “pinocho”, esa que no nos cubre la nariz, la “gargantilla” que solo se preocupa de nuestro cuello, la “bolso” que queda muy chic colgando del codo, la “unicornio” colocada estratégicamente para proteger el cerebro, y la “invisible”, la que todavía algunos se niegan a llevar.

Visto como la llevamos, es interesante mencionar cuando, y en este sentido creo importante mencionar las argucias existentes para no llevarla, cuando fumamos, comemos, bebemos, nos sentamos en la terraza de un bar y parece que ya no es necesario llevarla y, por último, aunque seguro que me olvido de alguna, cuando hablamos por el móvil. Aunque parezca mentira, parece ser que las ondas de sonido no atraviesan la mascarilla y no se puede transmitir el sonido al móvil, o eso deben pensar algunas personas.



Como he dicho antes, y no para defender a las personas que no cumplen con las normas, quizás la culpa no sea suya, sino de la falta de formación y ejemplo de cómo llevarlas. En televisión podemos ver como dan las noticias sin mascarilla, como en los diversos programas del corazón entre otros no hay mascarillas, y como las mascarillas que llevan algunas personas son simplemente higiénicas, de tela o a juego con su puesto de trabajo. También en este sentido, me gustaría hacer referencia a lo escuchado en un programa de televisión, en el que el presentador y los entrevistados, ni mantenían la distancia, ni llevaban mascarilla, eso sí, habían comenzado el programa diciendo que se habían realizado una PCR el día anterior y no había peligro, más que información, desinformación.

Para terminar, solo quiero hacer hincapié en la necesidad de llevar mascarilla correctamente, cada uno la que pueda, pero a mala que sea, siempre es mejor que nada, y cada vez que nos la quitemos, pensemos que no solo no nos estamos protegiendo nosotras, sino que estamos poniendo en riesgo al resto de la población.

Kepa Mirena San Sebastián Moreno, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.

lunes, 11 de enero de 2021

Concienciación de la juventud, y del resto también.


En noviembre asistimos a las fiestas de botellón de adolescentes en Artxanda y también a las trifulcas y alborotos de Vitoria-Gazteiz. El comentario de la chavalería era que entendía el problema del virus, pero que tenía derecho a divertirse. Seguramente sin caer en la cuenta de que el que mejor se lo estaba pasando era el virus.

También asistimos al “Black Friday” y el comentario generalizado de las personas paseantes era que había demasiada gente, como si entre “esa gente” no se sintieran concernidos.

El pasado ocho de diciembre nos sorprendimos de nuevo con la frase “que nos quiten lo bailao”, perteneciente a una fiesta ilegal celebrada en Derio por 67 jóvenes, que no menos retirarse ante la presencia de la autoridad, continuaron jactándose de lo que estaban haciendo, y solicitaban su marcha para continuar.

Este fin de año se han repetido por infinidad de lugares los cotillones o fiestas ilegales, tal y como hemos podido observar en los medios de comunicación.

Lo cierto es que el virus SARSCOV2 es altamente contagioso y la pandemia COVID ha puesto de manifiesto la importancia de las conductas individuales para controlar su propagación.

Podríamos decir que, en general, a la ciudadanía nos gusta que alguien mande, sentir que hay responsables a quienes responsabilizar y/o culpabilizar; de modo que quepa exigir a las y los demás el cumplimiento de las normas, mientras -a título individual- ver cómo podemos saltarnos esas obligaciones, disfrutando sobremanera y presumiendo además de ello, cuando hemos sido capaces de conseguirlo.

En realidad, nos hacemos trampas al solitario.



Debemos entender, de una vez por todas, cuáles son los riesgos y asumir nuestro papel, el de cada persona en esta pandemia, porque si bien las normas son generales, su cumplimiento es individual.

Apelar a la responsabilidad colectiva es lo mismo que exigir su justa reciprocidad de nuestra conducta individual, porque la salud de todas las personas está en riesgo.

Y ya sabemos que se contagian las y los más tontos ……y sus amigas y amigos.

Alberto Martínez Ruiz, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.