jueves, 19 de diciembre de 2019

Publicidad médica ¿todo vale?


     La publicidad es una herramienta útil para diferentes objetivos. Puede servir como medio de información. Se puede utilizar para recordar o hacer hincapié en algún tema. Es también una forma de captar la atención del público o incluso de persuadir. También en temas de salud se usa en ese amplio abanico, desde informar novedades o usarlo como propaganda educativa hasta el profesional particular que lo utiliza para darse a conocer y acercar pacientes a su consulta que podrán salir beneficiados de su atención clínica.
     
    Nuestro Código de Deontología en el artículo 19 contempla la publicidad médica pero no de cualquier manera. Ha de ser “…objetiva, prudente y veraz, de modo que no levante falsas esperanzas o propague conceptos infundados…”
      
     Pero ¿Se respetan adecuadamente las exigencias de nuestro Código de Deontología médica?
     
     Todo el mundo conoce casos puntuales (o no tan puntuales) de falsedad publicitaria. Anuncios que aseguran curaciones milagrosas, referencias a ciertos fármacos a los que se les asigna resultados no probados. La ilicitud de la acción en estas situaciones es fácil de detectar pero existen otro tipo de publicidades, cuyas características no del todo adecuadas, pueden pasar desapercibidas o plantearnos dudas al respecto.

    Existen placas publicitarias de profesionales de la medicina privada en los que, sin mentir, no queda clara la especialidad correspondiente, que se publicita de una manera que induce a error. Esto puede condicionar la elección de profesionales por parte de un paciente, que quizás habría elegido de otra manera. La estética de ciertas imágenes publicitarias, rostros sonrientes ajenos a dificultades, pueden llevar a minimizar riesgos o incluso obviarlos. Lo mismo puede suceder con frases publicitarias del estilo “garantía en tu cirugía”. Además, La propaganda en ciertas áreas de salud, en las que hay un mayor margen de actuación personal, como estéticas, reproductivas, mentales, etc. pueden inducir a realizar sobretratamientos.



      La publicidad te predispone a realizar una acción pues resalta lo bueno. En temas de salud se añade la necesidad vital de personas necesitadas que buscan encarecidamente una respuesta. Es un público más vulnerable al que debemos proteger. ¿Lo conseguimos o es más frecuente de lo que parece resbalar en este tema? Es por ello que hay una necesidad apremiante de regular de una manera más estricta la publicidad médica en beneficio tanto de profesionales como de pacientes.


  Begoña Girbau Campo, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia



miércoles, 4 de diciembre de 2019

¿QUIÉN SOY? Identificarse durante el acto médico, una obligación profesional


         Uno de los capítulos más extensos del actual código de deontología médica es el dedicado a la relación entre médico/a con sus pacientes, y no es de extrañar, ya que es un pilar fundamental de nuestra profesión.
         En general, está claro que lo que debe presidir estas relaciones es la confianza, respeto a su intimidad, dar información clara sobre su proceso, no discriminación etc.
Hay un artículo que hace referencia a algo que a veces se olvida a quienes atendemos pacientes, sobre todo cuando hablamos de la información que se transmite “…es dar a conocer al paciente o a sus allegados la identidad del médico responsable de su proceso asistencial, así como la de aquel que en cada momento le presta asistencia.” Artículo 10.
      Bien es verdad que en la prestación asistencial nos encontramos con muy diferentes situaciones, desde quien perteneciendo a la atención primaria, que puede llegar a conocer a varias generaciones de una misma familia y no necesita presentación, hasta la asistencia puntual en una situación de urgencia.
    Pero existen situaciones intermedias, un ingreso hospitalario, una interconsulta donde el médico o médica conoce muchas de las circunstancias que rodean al/la paciente en ese momento y sin embargo no sepa ni el nombre de la persona que le está atendiendo, sólo ve un ir y venir de batas y caras desconocidas que le van explicando el proceso al cual se va a someter.

 
Imagen accesible en comunicardio

       Se nos olvida algo tan básico y sencillo como que después del “buenos días” y antes de explicarle el proceso que se le va a realizar le digamos “mi nombre es…” y que la confianza que se establece a partir de ese momento va a redundar en la calidad asistencial y en la mayor empatía y disposición de las personas que acuden a nuestras consultas.

                          
      Vega Moreno Martínez, Secretaria de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia