jueves, 20 de junio de 2019

Enfermedad mental, entre el estigma y la desigualdad social


El 24 de Abril del año 2017, Andreas Fernández González de 26 años de edad, fallecía por parada cardíaca y atada a la cama en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Central de Asturias. El cuadro que originó este fatal desenlace se había iniciado a principios de Abril con una amigdalitis aguda con placas pustulosas cuyo tratamiento antibiótico no había tenido el efecto esperado. Tenía fiebre y el análisis de sangre había mostrado valores de proteína C reactiva, leucocitos y neutrófilos muy por encima de lo normal. Tras acudir varias veces a urgencias por empeoramiento del cuadro, comentó que empezaba a escuchar ruidos y en ese mismo momento salen a la luz los antecedentes psiquiátricos de su madre, diagnosticada de esquizofrenia. A partir de ese momento desarrolla cuadro de ansiedad y bajo consejo médico se ingresa primero voluntariamente pero después involuntariamente, con contención mecánica, con tratamiento de antipsicóticos y antidepresivos y comunicándolo al juzgado de guardia. El informe forense concluyó que el fallecimiento había sido por meningitis linfocitaria sumada a miocarditis.
El origen del término estigma está en la Antigua Grecia dónde se denominaba de esta manera a la marca realizada a las personas esclavas o criminales. Las enfermedades mentales están sujetas a juicios de valor negativos y estigmatización y quienes las sufren no sólo tienen que convivir con los efectos devastadores de su enfermedad sino con los prejuicios y exclusión social. El estigma es ubicuo, no hay sociedad, ni país ni cultura donde una persona con enfermedad mental tenga el mismo valor social que una persona sin enfermedad mental.
El estigma se puede describir en conceptos cognitivo, emocional y de comportamiento, lo que permite separar los estereotipos de los prejuicios y la discriminación. Los estereotipos son opiniones y actitudes prefabricadas y el más común es que las personas con enfermedad mental son peligrosas, impredecibles y no fiables. Los prejuicios serían reacciones emocionales a una persona estereotipada, como por ejemplo “Me dan miedo las personas con esquizofrenia porque son peligrosas e impredecibles”. Los estereotipos y los prejuicios pueden conducir a la discriminación de los individuos o de todo el grupo como una respuesta de comportamiento, por ejemplo “Las personas con enfermedades mentales deben se encerradas porque son peligrosas e impredecibles”.



          La demencia de Doña Juana, Lorenzo Valdés 1866

Y ¿quién contribuye al estigma? Está demostrado que hay tres niveles: a) Macro nivel, sociedad y medios de comunicación; b) Nivel intermedio, profesionales de la salud y ; c) Micro Nivel, el propio individuo y las personas que le cuidan. Los medios de comunicación como la televisión y los programas que se emiten, prensa escrita y películas suelen amplificar y dar una imagen de violencia y crimen asociado con desórdenes  mentales. Incluso el término esquizofrenia se utiliza metafóricamente como una deficiencia mental. En cuanto a los y las profesionales de la salud, se ha demostrado que tienen igual o peor imagen que el resto de la población e incluso expresan pocos deseos de relacionarse con personas con enfermedades mentales. La mayoría de personas muestran pocos deseos de tener contacto social con este tipo de pacientes. Las declaraciones del psiquiatra José María Fernández hechas en El País del 19 de Abril de 2019 lo dejaban claro “Cuando la gente sabe que una persona tiene un problema psiquiátrico, ya no la ve del mismo modo. Y los profesionales tampoco…le restamos credibilidad”.
Las connotaciones negativas del estigma no se quedan relegadas a la personas que lo sufren sino que también se transfiere al entorno tanto familiar como profesional, lo que se llama “estigma de cortesía”. El estigma familiar lo podemos comprobar claramente en el caso de la paciente Andreas Fernández González que, a pesar de presentar una sintomatología de origen infeccioso, se le trató como paciente psiquiátrica debido a la enfermedad de su madre.
Los puntos de intervención para evitar el estigma y la discriminación contra las personas con enfermedades mentales son tres: a) información y educación; b) evitar las connotaciones y comentarios negativos sobre las enfermedades mentales; y c) tener contacto directo y cercano con las personas con enfermedades mentales.
Finalmente, hay que tener en cuenta que un 50% de la población experimentará algún episodio de enfermedad mental en su vida con lo que seguramente lo más efectivo para evitar el estigma es el contacto directo y cercano. Sería deseable que se implementaran los programas educacionales en colegios e institutos ya que tienen un efecto muy positivo sobre la forma que la sociedad ve a las personas con enfermedades mentales.


Dras. Izaskun Elortegi Kaiero y  Lucía Gallego Andrés
Vocales de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia

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