miércoles, 4 de diciembre de 2019

¿QUIÉN SOY? Identificarse durante el acto médico, una obligación profesional


         Uno de los capítulos más extensos del actual código de deontología médica es el dedicado a la relación entre médico/a con sus pacientes, y no es de extrañar, ya que es un pilar fundamental de nuestra profesión.
         En general, está claro que lo que debe presidir estas relaciones es la confianza, respeto a su intimidad, dar información clara sobre su proceso, no discriminación etc.
Hay un artículo que hace referencia a algo que a veces se olvida a quienes atendemos pacientes, sobre todo cuando hablamos de la información que se transmite “…es dar a conocer al paciente o a sus allegados la identidad del médico responsable de su proceso asistencial, así como la de aquel que en cada momento le presta asistencia.” Artículo 10.
      Bien es verdad que en la prestación asistencial nos encontramos con muy diferentes situaciones, desde quien perteneciendo a la atención primaria, que puede llegar a conocer a varias generaciones de una misma familia y no necesita presentación, hasta la asistencia puntual en una situación de urgencia.
    Pero existen situaciones intermedias, un ingreso hospitalario, una interconsulta donde el médico o médica conoce muchas de las circunstancias que rodean al/la paciente en ese momento y sin embargo no sepa ni el nombre de la persona que le está atendiendo, sólo ve un ir y venir de batas y caras desconocidas que le van explicando el proceso al cual se va a someter.

 
Imagen accesible en comunicardio

       Se nos olvida algo tan básico y sencillo como que después del “buenos días” y antes de explicarle el proceso que se le va a realizar le digamos “mi nombre es…” y que la confianza que se establece a partir de ese momento va a redundar en la calidad asistencial y en la mayor empatía y disposición de las personas que acuden a nuestras consultas.

                          
      Vega Moreno Martínez, Secretaria de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia

viernes, 25 de octubre de 2019

El ser humano es curioso por naturaleza


     Mi hija tiene miopía. Utilizará gafas, no es nada grave pero la verdad es que peor lo tiene mi vecina del 3º… y lo supe hace unos días, cuando acudí a la consulta de oftalmología del hospital Isiltasuna.

    Entré en la consulta con mi hija y mientras le hacían las pruebas para saber la graduación, mi vista se fue irremediablemente a la pantalla azul y blanca que tenía justo enfrente de mí. Ahí lo supe: mi vecina tiene desprendimiento de retina con pérdida de visión en un ojo. Complicado panorama. Del resto no entendía gran cosa, pero eso sí, y me preocupa. Me preocupa lo que le ocurre, pero también me aterra la posibilidad de que, en otra consulta y en estos momentos, alguien esté leyendo sobre mis problemas de salud.

    Las personas somos de natural curiosas, más aún si se nos dan facilidades para el cotilleo y por eso pienso ¿No es inquietante que cualquier persona pueda leer en una pantalla mal colocada o no apagada correctamente tu historia clínica??

   ¿Por qué no pondrán el ordenador orientado de otra manera? ¿Quién ha decidido que eso sea así?  También es verdad que la doctora podría haber cerrado la pantalla, aunque quizá tiene mucha gente y no le ha dado tiempo. ¿Y qué tal un protector de pantalla de esos que impiden que se vea desde una distancia y ángulo distintos a los de lectura?
















Los tres monos, puerta del monasterio de Toshogu, Japón. Foto de Trupti Devdas Nayak accesible en natgeotraveller



    El derecho a la confidencialidad es uno de los pilares en la relación entre el personal sanitario y los/las pacientes, que debe estar basado y procurar una confianza mutua y que debe proteger la intimidad individual. Es por ello que se debería tener especial precaución para que los datos correspondientes a cada persona no sean accesibles a otras terceras. En esta época de sobreinformación y de uso excesivo de redes sociales es más importante si cabe defender la custodia de información sobre la salud evitando el correspondiente daño que el conocimiento público pudieran ocasionar.

CAPÍTULO V DEL CÓDIGO DE DEONTOLOGÍA MÉDICA:
   Artículo 28.1.- El director médico de un centro o servicio sanitario velará por el establecimiento de los controles necesarios para que no se vulnere la intimidad y la confidencialidad de los pacientes ni la documentación referida a ellos.

                                                      
                                                                              
         Izaskun Elortegi Kaiero, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia