sábado, 25 de agosto de 2018

Atención médica al final de la vida, una necesidad y un derecho asistencial

Podemos ofrecer a las personas estrategias para evitar que padezcan una enfermedad a través de la Medicina Preventiva. Podemos tratarlas e incluso curarlas con la Medicina Curativa si no hemos conseguido evitarlas con las medidas preventivas empleadas. Pero ¿qué podemos hacer para ayudar a las personas ya enfermas en situación clínica de terminalidad cuando tampoco hemos podido curarlas?

El art. 36.1 de nuestro Código de Deontología Médica nos indica a los médicos, ante esta situación que me pregunto en el párrafo anterior, lo siguiente: “El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Cuando ya no lo sea, permanece la obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir su bienestar, aún cuando de ello pudiera derivarse un acortamiento de la vida”.

Sin embargo, la creciente oferta de recursos tecnológicos tiende a desplazar el centro de atención desde el enfermo a la enfermedad y nos hace sentir la muerte cada vez más como un fracaso que vulnera nuestra omnipotencia. Además, el sistema asistencial, fraccionado e impersonal tiende a disociar la relación médico-paciente y a sustituirlo por una burocrática relación paciente-institución.


No podemos seguir así. Los Cuidados Paliativos son una necesidad que ha de transformarse en un derecho asistencial. Si todas las personas tenemos derecho a recibir una asistencia sanitaria de calidad científica y humana, la atención médica al final de la vida de calidad no debe considerarse un privilegio, sino un derecho. Tengamos en cuenta que los Cuidados Paliativos representan una sólida respuesta sanitaria al sufrimiento relacionado con el final de la vida de las personas enfermas. Estos cuidados han demostrado eficiencia ya que provocan un impacto muy positivo sobre la calidad de vida del enfermo como es el alivio de síntomas, una buena comunicación y una buena relación médico-paciente, así como el respeto a sus valores. También apoyan a las familias, complementan el resto de las medidas, influyen sobre los sistemas sanitarios y ahorran costes.

Los Cuidados Paliativos deben aplicarse desde todos los ámbitos asistenciales: Atención Primaria, Atención Especializada y Atención socio-sanitaria. Además, el médico, cualquiera que sea su especialidad, debe adoptar ante el sufrimiento una actitud particularmente compasiva y humana, con empatía, respeto y delicadeza. Abandonar al enfermo cuando necesita esta atención constituye una mala práctica médica.

La Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) nos ayuda a comprender lo que son estos cuidados: “consisten en la atención integral, individualizada y continuada de personas y sus familias con una enfermedad avanzada, progresiva o terminal, que tiene síntomas múltiples, multifactoriales y cambiantes, con alto impacto emocional, social y espiritual. Estas necesidades deben ser atendidas de manera competente, con los objetivos de confort y calidad de vida, definida por enfermos y familias, y de acuerdo con sus valores, preferencias y creencias”.

Durante los 25 años que estuve al frente de un gran equipo de profesionales, en el  Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, atendiendo a enfermos que se encontraban en el trayecto final de su vida comprendí que la disciplina de los Cuidados Paliativos es la mejor oferta que les podemos hacer para dignificar su proceso de morir. Esto es lo que me han enseñado ellos, los enfermos:

-       El paciente espera que se le tratemos como un ser humano hasta el momento de su muerte. Que no le contemplemos sólo como una estructura biológica, sino que además tengamos en cuenta su dimensión emocional, social y espiritual.
-       Quiere que le permitamos expresar sus propios sentimientos y emociones sobre su forma de enfocar la muerte.
-       Nos pide que le permitamos participar en la decisiones que incumban a sus cuidados.
-       Solicita nuestra ayuda para que no le dejemos morir solo, abandonado por sus seres queridos ni por los profesionales.
-       Desea que las preguntas que nos haga sobre su enfermedad y su pronóstico sean respondidas con sinceridad y que no le engañemos.
-       Quiere también que respetemos su individualidad y que no le juzguemos por sus decisiones, aunque sean contrarias a quienes le atendemos.
-       Le daría confianza que le cuidásemos personas solícitas, sensibles y entendidas, intentando comprender sus necesidades y que, además, fuéramos capaces de obtener satisfacción del hecho de ayudarle a afrontar su muerte.
-       También consideraría que su proceso de morir sería digno si quien le cuidásemos lo haríamos como nos gustaría que nos cuidaran a nosotros cuando llegara nuestro momento.
-       El enfermo desea que no precipitemos deliberadamente su muerte, pero que tampoco prolonguemos innecesariamente su agonía, sino que le ayudemos a no sufrir mientras llega su muerte.
-       Y su último deseo suele ser que atendamos a sus seres queridos después de su muerte, para aliviar su pena.

Si cumplimos todo esto, estaremos trabajando por la dignidad de las personas al final de la vida.


Una Ley sobre la atención al final de la vida de las personas, es decir, sobre Cuidados Paliativos que garantice los derechos del enfermo, los deberes de los profesionales y las obligaciones del Sistema Sanitario, será una ley muy oportuna. Pero, ¡por favor¡, póngase a ello. Llevamos años y años esperando que se elabore dicha Ley, pero los cambios de gobiernos han frustrado esta posibilidad ya en dos ocasiones. Póngase de acuerdo porque este asunto es un asunto de Estado, no de ideologías. Tengan en cuenta que la voluntad política es un elemento decisivo para garantizar la adecuada atención a las personas al final de la vida.

Dr. Jacinto Bátiz
Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia

sábado, 18 de agosto de 2018

Cuando los médicos no opinamos igual

Cuando varias personas se reúnen para abordar temas de interés suele haber tantas opiniones como personas asistentes en la reunión. En este post deseo abordar la situación cuando esa reunión es de médicos (sesiones clínicas, juntas directivas de Colegios, sesiones de Comisiones de Deontología, etc.) y todos deseamos salir con la razón tratando de imponérsela a los demás. Esto no suele ser raro, ¿verdad? 

La reflexión que deseo compartir es que la pluralidad de opiniones debe ser respetada, ya que toda opinión puede tener parte de razón y ninguna opinión, posee, por sí misma, toda la verdad.


Como se indica en el apartado 71 de la guía El buen quehacer del médico. Pautas para una actuación profesional de excelencia. OMC. 2014: "El médico... ha de ser especialmente prudente en la manera de expresar sus discrepancias respecto a la actuación de otros profesionales, considerando el desconcierto y la incertidumbre que puede causar en pacientes o familiares". 

Cuando hay que tomar una decisión en un grupo en el que hay distintas opiniones, sin duda, el mejor método para aproximar todas las opiniones y tomar la decisión más adecuada es el de la deliberación. Recordemos que deliberar significa la acción de pensar profunda y detenidamente alternativas para tras un análisis reflexivo se tome una decisión. No olvidemos que en cualquier deliberación hay una confrontación de ideas, intereses e incluso de prejuicios. Quien interviene en una deliberación expone sus ideas y sus argumentos y los contrasta con la posición de los demás. Debiéramos familiarizamos con la deliberación como forma de debate y de intercambio de ideas.

Para terminar, deseo recordar mi reflexión en este post: la pluralidad de opiniones debe ser respetada, ya que toda opinión puede tener parte de razón y ninguna opinión, posee, por sí misma, toda la verdad.

Os animo a que aportéis vuestros comentarios porque de esa manera nos enriqueceremos todos, siendo yo el primero.

Muchas gracias por vuestro tiempo de atención.

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio Médicos de Bizkaia