domingo, 6 de septiembre de 2015

Conocemos los fármacos que recetamos?

Este verano he leído el libro de Peter C. Gotzsche titulado Deadly Medicines and Organised Crime: How big pharma has corrupted healthacare, publicado en su segunda edición en 2014 y considerado el Mejor Libro del Año por British Medical Association. Después de su lectura me he planteado algunas reflexiones que deseo compartir en este Blog porque creo que tienen que ver mucho con la Ética y la Deontología Médica.

La primera reflexión que me he hecho ha sido la que planteo como título de este post: ¿Conocemos los fármacos que recetamos?, seguida de otras: ¿Son necesarios todos? ¿Contrastamos lo que nos informan cuando salen al mercado? ¿No somos, tal vez, demasiado confiados?.




No podemos negar, que para los médicos los fármacos son una herramienta terapéutica importante y, en ocasiones, fundamental. Pero hemos de saber elegir el fármaco que sea eficaz y seguro para el enfermo y para eso debemos conocer bien su manejo, sus indicaciones, sus contraindicaciones, sus interacciones y sus efectos secundarios. Todo eso que muchas veces conoce mejor el enfermo al que se lo hemos recetado porque se ha leído el prospecto antes de tomarlo. Y en ocasiones, cuando el enfermo nos enseña dicho prospecto subrayado por él lo que le ha provocado miedo y desconfianza para tomarlo, nosotros solemos responderle con cierto malestar: ¿No confía en mí? Si leyera el de la aspirina tampoco la tomaría. 

La seguridad del tratamiento es nuestra responsabilidad por eso hemos de conocer bien lo que empleamos para tratar a nuestros enfermos.

Conviene recordar lo que dice nuestro Código de Deontología a este respecto en el art. 26.1: "El médico debe emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente".

En mayo de 2006 fue aprobada por la Asamblea General de la Organización Médica Colegial de España (OMC) la Declaración de su Comisión Central de Deontología (CCD) sobre Ética de la relación profesional del médico con la industria farmacéutica y las empresas sanitarias en la que establece en su punto 5, lo siguiente: "La relación del médico con las compañías farmacéuticas y sanitarias debe estar regida por los principios y valores característicos de la profesión médica: rigor científico y racionalidad, espíritu de cooperación, sentido de servicio a los pacientes y responsabilidad ante la sociedad. Este mismo compromiso de lealtad profesional del médico también ha de inspirar sus relaciones con las entidades proveedoras de servicios de salud, sean públicas o privadas." En el siguiente enlace podrá encontrar dicha Declaración completa:
http://www.farmaindustria.es/idc/groups/public/documents/códigodocumento/farma_42145.pdf

No hemos de olvidar que "Las declaraciones de la Comisión Central de Deontología aprobadas por la Asamblea General de la Organización Médica Colegial tienen naturaleza normativa e igual carácter vinculante que los preceptos contenidos en este Código." (Disposición final 1 del CDM).

Es indispensable conocer bien los fármacos que manejamos para el tratamiento de nuestros pacientes. El dolor es una de las causas que más afectan a la calidad de vida de las personas. Tratarlo de forma inadecuada es un grave problema asistencial y un problema ético de primera magnitud que afecta directamente a las personas y atenta contra su dignidad. El dolor, posiblemente la primera asignatura de la Medicina de todos los tiempos, continúa siendo uno de los retos de nuestra práctica diaria. He querido poner este ejemplo del tratamiento del dolor para visualizar nuestra responsabilidad clínica y ética para hacerlo bien. 

No debemos olvidar que las principales causas de mala praxis real suelen ser la falta de preparación del médico (incompetencia) y el escaso dominio de la técnica, aunque se esté preparado (imprudencia), trabajo de rutina e infravaloración. Al menos, tengamos en cuenta algunos criterios como: recordar que el objetivo es el confort del enfermo; tratar los mecanismos fisiopatológicos causales con fármacos de eficacia demostrada y tiempo de acción adecuado; emplear una posología fácil y sencilla; evitar la polifarmacia y racionalizar el uso de fármacos; emplear las vías de administración adecuadas; administrar con dosis fija regular para síntomas persistentes, asociada, si es preciso,a pautas de administración para cris (dosis extras). No son aconsejables las pautas a demanda; prevenir los efectos secundarios; informar apropiadamente a los enfermos y a sus familiares y revisar frecuentemente tanto la respuesta como la dosis y la indicación.

Es un imperativo ético estudiar, aprender y conocer lo máximo posible del ámbito en el que se trabaja y las herramientas terapéuticas que se emplean, en este caso los fármacos.

Espero vuestros comentarios y vuestras experiencias sobre este tema para que nos podamos enriquecer todos y tratar de mejorar el uso terapéutico farmacológico a nuestros enfermos.

Muchas gracias, una vez más, por haber dedicado unos minutos a leer este post.

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia

1 comentario:

  1. Magnífico comentario del Dr. Bátiz que vamos a utilizar para nuestros estudiantes de la Facultad de Medicina.
    Me permito complementar este enfoque con unas líneas acerca del serio problema de publicidad engañosa que tiene lugar en algunos medios. Me apena escuchar en la radio a locutores muy respetables y sensatos que dan paso a anuncios publicitarios donde un supuesto médico recomienda tomar un producto medicinal todos los días argumentando que el colesterol no te va a abandonar en toda la vida. Otra publicidad análoga que se puede escuchar con frecuencia es sobre pastillas para mejorar la memoria. Son dos ejemplos de anuncios fraudulentos que hay que denunciar -y en mi opinión prohibir- para que los ciudadanos no sean engañados. Debería existir algún procedimiento para que los medios de comunicación puedan recibir asesoramiento sobre este tipo de publicidad, aunque indudablemente la mejor solución sea una regulación con mecanismos más exigentes y eficaces ante la propaganda engañosa que permite a ganar dinero abusando de la confianza y la ingenuidad de los ciudadanos, lo cual es especialmente grave en cuestiones relacionadas con la salud.
    Rogelio Altisent.
    Cátedra de Profesionalismo y Etica Clínica de la Universidad de Zaragoza

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