domingo, 27 de diciembre de 2015

¿Qué hacer si el enfermo rechaza el tratamiento?

Hace unos meses impartí en el hospital en el que trabajo, que es Hospital Psiquiátrico de Bermeo una sesión bibliográfico-clínica sobre el rechazo al tratamiento (tanto orgánico como psiquiátrico) dado que muchos pacientes presentaban esta situación de rechazo (casi siempre por falta de conciencia de enfermedad), por ello a continuación os expongo las conclusiones de la presentación, para que opinéis sobre ellas y pueda haber un intenso debate en este Blog con vuestros comentarios

Siempre se tiene que analizar el caso concreto y es aconsejable compartirlo y deliberar con otros compañeros, en lugar y forma adecuados para ello.

1. En primer lugar hay que revisar los aspectos técnicos del caso, como la indicación del tratamiento que se propone y la probabilidad de que haya que aplicarlo, la gravedad del proceso, la existencia de tratamientos alternativos, la situación clínica y el estado general del paciente, etc.
2. La obligación del profesional consiste siempre en dialogar con el enfermo informándole adecuadamente de su situación clínica y de las consecuencias de la opción que toma, verificar que comprende la información y comprobar que en su decisión concurren las condiciones necesarias de capacidad y de libertad.

No hay que olvidar que el profesional médico es el responsable de comprobar la capacidad legal (edad, existencia de tutor, declaración de incapacidad por parte de un juez, etc.) y de evaluar la competencia o capacidad de hecho del enfermo para tomar una decisión tan transcendente. La decisión del enfermo normalmente deberá tener coherencia con su trayectoria personal y su proyecto de vida, con sus convicciones y con sus valores. En ocasiones la decisión podrá haber sido manifestada antes de que el enfermo haya perdido la capacidad (Instrucciones Previas, planificación anticipada de decisiones, expresión insistente y consistente a familiares o amigos), lo que, en su caso, y una vez corroborado, tendrá plena validez.

Además, se debe comprobar que el paciente decide en libertad y sin coacciones, y garantizarle la máxima confidencialidad, recordándole que podrá cambiar de opinión y revocar su decisión, si lo desea.

Deberá dejarse siempre constancia de estos hechos y decisiones en la historia clínica como indica el artículo 12.1 y 12.2 del Código de Deontología Médica, además del pertinente documento de Consentimiento (en este caso “rechazo”) Informado.

En suma, tanto los aspectos técnicos de la indicación del tratamiento como el proceso de decisión informada tienen que cuidarse siempre de forma rigurosa.

Cuando se cumplen todas esas condiciones, hay que respetar la decisión del enfermo de rechazar el tratamiento. Solo si no se cumplen, si el profesional cree que la decisión del enfermo no es una decisión autónoma, puede recurrir al juez.


¿Qué actitudes toman los profesionales ante el rechazo al tratamiento?
Los profesionales ante un rechazo al tratamiento pueden plantearse una de las siguientes actitudes:

1. Aceptación activa de la decisión del enfermo, después de revisar los aspectos técnicos y de realizar correctamente el proceso de decisión informada. Esta actitud es correcta.

2. Aceptación pasiva de la decisión del enfermo, sin someterla a ninguna crítica.
Al profesional no le importan los motivos de la decisión o piensa que no tiene que dialogar con el enfermo sobre esos asuntos (neutralidad axiológica). Esta es una actitud incorrecta porque el profesional tiene que atender también a los valores del enfermo y desarrollar adecuadamente el proceso de decisión informada, de acuerdo con la buena práctica clínica.

3. Oposición frontal a la decisión, que puede conducir a una de las siguientes acciones:
 3.1. Imposición del tratamiento a la fuerza o mediante coacción o engaño.
En ningún caso se puede imponer un tratamiento que ha sido rechazado, inclusive alegando motivos de conciencia. Tampoco se puede aplicar el tratamiento una vez el enfermo haya perdido su capacidad (por ejemplo, esperar a que esté inconsciente).
3.2. Abandono, negativa a asistir al enfermo y desentendimiento. Tampoco es una actitud admisible en un profesional sanitario.
3.3. Proponer alta voluntaria o dar alta forzosa. Son formas intolerables de coacción o de castigo hacia el enfermo, cuando existen otras alternativas o se tienen que aplicar otras medidas, por ejemplo de tipo paliativo.
3.4. Negativa a asistir a determinados colectivos cuyos miembros rechazan un tipo de tratamiento (por ejemplo testigos de Jehová, que aceptan una intervención pero rechazan la transfusión de sangre). Eso sería discriminación por ideología religiosa, en el ejemplo citado.

4. Declaración de objeción de conciencia.

Siempre se puede consultar el caso al Comité de Ética Asistencial correspondiente
                                                  

Dra. Lourdes Mendiburu, Vocal de la Comisión de Deontología
Colegio Médicos de Bizkaia



domingo, 6 de septiembre de 2015

Conocemos los fármacos que recetamos?

Este verano he leído el libro de Peter C. Gotzsche titulado Deadly Medicines and Organised Crime: How big pharma has corrupted healthacare, publicado en su segunda edición en 2014 y considerado el Mejor Libro del Año por British Medical Association. Después de su lectura me he planteado algunas reflexiones que deseo compartir en este Blog porque creo que tienen que ver mucho con la Ética y la Deontología Médica.

La primera reflexión que me he hecho ha sido la que planteo como título de este post: ¿Conocemos los fármacos que recetamos?, seguida de otras: ¿Son necesarios todos? ¿Contrastamos lo que nos informan cuando salen al mercado? ¿No somos, tal vez, demasiado confiados?.




No podemos negar, que para los médicos los fármacos son una herramienta terapéutica importante y, en ocasiones, fundamental. Pero hemos de saber elegir el fármaco que sea eficaz y seguro para el enfermo y para eso debemos conocer bien su manejo, sus indicaciones, sus contraindicaciones, sus interacciones y sus efectos secundarios. Todo eso que muchas veces conoce mejor el enfermo al que se lo hemos recetado porque se ha leído el prospecto antes de tomarlo. Y en ocasiones, cuando el enfermo nos enseña dicho prospecto subrayado por él lo que le ha provocado miedo y desconfianza para tomarlo, nosotros solemos responderle con cierto malestar: ¿No confía en mí? Si leyera el de la aspirina tampoco la tomaría. 

La seguridad del tratamiento es nuestra responsabilidad por eso hemos de conocer bien lo que empleamos para tratar a nuestros enfermos.

Conviene recordar lo que dice nuestro Código de Deontología a este respecto en el art. 26.1: "El médico debe emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente".

En mayo de 2006 fue aprobada por la Asamblea General de la Organización Médica Colegial de España (OMC) la Declaración de su Comisión Central de Deontología (CCD) sobre Ética de la relación profesional del médico con la industria farmacéutica y las empresas sanitarias en la que establece en su punto 5, lo siguiente: "La relación del médico con las compañías farmacéuticas y sanitarias debe estar regida por los principios y valores característicos de la profesión médica: rigor científico y racionalidad, espíritu de cooperación, sentido de servicio a los pacientes y responsabilidad ante la sociedad. Este mismo compromiso de lealtad profesional del médico también ha de inspirar sus relaciones con las entidades proveedoras de servicios de salud, sean públicas o privadas." En el siguiente enlace podrá encontrar dicha Declaración completa:
http://www.farmaindustria.es/idc/groups/public/documents/códigodocumento/farma_42145.pdf

No hemos de olvidar que "Las declaraciones de la Comisión Central de Deontología aprobadas por la Asamblea General de la Organización Médica Colegial tienen naturaleza normativa e igual carácter vinculante que los preceptos contenidos en este Código." (Disposición final 1 del CDM).

Es indispensable conocer bien los fármacos que manejamos para el tratamiento de nuestros pacientes. El dolor es una de las causas que más afectan a la calidad de vida de las personas. Tratarlo de forma inadecuada es un grave problema asistencial y un problema ético de primera magnitud que afecta directamente a las personas y atenta contra su dignidad. El dolor, posiblemente la primera asignatura de la Medicina de todos los tiempos, continúa siendo uno de los retos de nuestra práctica diaria. He querido poner este ejemplo del tratamiento del dolor para visualizar nuestra responsabilidad clínica y ética para hacerlo bien. 

No debemos olvidar que las principales causas de mala praxis real suelen ser la falta de preparación del médico (incompetencia) y el escaso dominio de la técnica, aunque se esté preparado (imprudencia), trabajo de rutina e infravaloración. Al menos, tengamos en cuenta algunos criterios como: recordar que el objetivo es el confort del enfermo; tratar los mecanismos fisiopatológicos causales con fármacos de eficacia demostrada y tiempo de acción adecuado; emplear una posología fácil y sencilla; evitar la polifarmacia y racionalizar el uso de fármacos; emplear las vías de administración adecuadas; administrar con dosis fija regular para síntomas persistentes, asociada, si es preciso,a pautas de administración para cris (dosis extras). No son aconsejables las pautas a demanda; prevenir los efectos secundarios; informar apropiadamente a los enfermos y a sus familiares y revisar frecuentemente tanto la respuesta como la dosis y la indicación.

Es un imperativo ético estudiar, aprender y conocer lo máximo posible del ámbito en el que se trabaja y las herramientas terapéuticas que se emplean, en este caso los fármacos.

Espero vuestros comentarios y vuestras experiencias sobre este tema para que nos podamos enriquecer todos y tratar de mejorar el uso terapéutico farmacológico a nuestros enfermos.

Muchas gracias, una vez más, por haber dedicado unos minutos a leer este post.

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia

sábado, 18 de julio de 2015

Formación continuada del médico, ¿obligación? o ¿derecho?

"La formación continuada y la actualización de conocimientos, competencias, habilidades y actitudes han formado desde el inicio de la profesión médica parte de nuestras mejores tradiciones de progreso permanente, y han de seguir formando parte de ellas con los nuevos y mayores niveles de exigencia que al ejercicio de la medicina exige este nuevo siglo". (Manual de ética y Deontología Médica. OMC/2012)

Nuestro Código de Deontología Médica nos lo recuerda en su art. 46.1: "Para conseguir y mantener la calidad profesional la asistencia debe completarse con la formación continuada. Además de realizar las tareas asistenciales, el médico debe disponer de tiempo en su jornada laboral para la actualización de conocimientos, así como para la docencia e investigación".

La importancia de la formación continuada se ve reflejada en la Ly 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias (LOPS), incorporando como una innovación normativa para asegurar y mantener la mejora continua de nuestro SNS, un proceso de enseñanza y aprendizaje activo y permanente al que tienen derecho y obligación los profesionales sanitarios que se inicia al finalizar los estudios de perorado o de especialización y que está destinada a actualizar y mejorar sus conocimientos competencia, habilidades y actitudes de acuerdo con la evolución científica y tecnológica y las demandas asistenciales de la sociedad.

Además de ser una obligación y un derecho, la formación continuada del médico es una responsabilidad que ha de ser compartida por las instituciones y por el médico. Las instituciones han de ofrecerlas y facilitar su realización y el médico ha de implicarse en completar y actualizar su formación.

Las instituciones colegiales son conscientes de esta responsabilidad y ponen a disposición de los colegiados sus programas de formación. 

Nuestro Colegio de Médicos de Bizkaia materializa el compromiso de la formación continua de sus colegiados a través de la Osasun Ikaskuntza Fundazioa-Fundación de Estudios Sanitarios que ofrece todos los años distintos cursos y jornadas que permiten ir adquiriendo cada vez mayores conocimientos y habilidades para su propio beneficio y el de sus pacientes. Os invito a conocer este programa formativo:
https://www.colegiomedicosbizkaia.com/Contenidos/Ficha.aspx?IdMenu=7d456583-390d-421c-9e64-bdd462e93f09&Idioma=es-ES

La Organización Médica Colegial de España también pone a disposición de todos los colegiados programas de formación a través de la Fundación para la Formación de la OMC. Os invito a que visitéis su página web para conocer los cursos que imparte: http://www.ffomc.org

Nuestra formación continuada, como médicos, además de ser una obligación deontológica del médico, es un derecho del enfermo también, ¡no lo olvidemos! 

Este post pretende que os animéis a conocer los programas formativos de cada uno de vuestros Colegios. La actualización de nuestros conocimientos, de nuestras habilidades y competencias que nos ayudará estar "más seguros" en nuestra práctica asistencial diaria y a que nuestros enfermos confíen en su médico porque le consideran preocupado y responsable por "estar al día".

También os animo a participar como docentes quienes tengáis algo que compartir por vuestra experiencia o incluso a sugerir temas formativos que aún no están ofertados en los programas. Cualquier forma de colaboración puede ser una aportación muy importante para que esta formación continuada sea un recurso imprescindible del médico para mantener una calidad asistencial de calidad y responsable.

Gracias, una vez más por leer este post. 

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia



domingo, 21 de junio de 2015

La Comisión Central de Deontología. ¿Qué es? ¿Para que sirve?

La Comisión Central de Deontología (CCD) de la Organización Médica Colegial OMC es la Comisión especializada de carácter técnico, asesor y consultivo del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España (CGCOM) en todas las cuestiones y asuntos relacionados en materia de Ética y Deontología Médica.



Sus informes no serán vinculantes para los órganos de gobierno de la OMC, pero éstos serán siempre especialmente valorados. Las funciones de esta CCD son varias:
- Informar preceptivamente sobre los expedientes disciplinarios que corresponda resolver al CGCOM y sobre los recursos interpuestos ante el Consejo contra las decisiones de los Colegios en cuestiones de Ética y Deontología cuando así lo decida la Comisión Permanente del Consejo General.
- Proponer a la Asamblea del CGCOM la aprobación de actualizaciones del Código de Deontología Médica mediante revisiones periódicas del mismo.
- Elaborar informes, documentos y notas sobre cuestiones relevantes de ética y deontología que sean de interés general para la colegiación o para la sociedad, así como promover actividades de estudio y debate con este fin.
- Promover la comunicación entre Comisiones de Deontología de los Colegios Provinciales con el fin de intercambiar información y experiencias.
- Colaborar con las Comisiones de Deontología de los Colegios Provinciales en la formación de sus miembros en Ética y Deontología Médica.

La CCD es autónoma en su carácter asesor y dispone de libertad de criterio en materias de su competencia para informar a los órganos de gobierno de la OMC. Como consecuencia del desarrollo de sus funciones la CCD elabora Declaraciones, Informes y Documentación, también promueve y organiza  actividades de propia iniciativa o como respuesta a las cuestiones que se planteen, con el conocimiento y aprobación de la Comisión Permanente del Consejo General.

Esta CCD está constituida por doce miembros expertos en cuestiones y asuntos relacionados con las materias de su competencia, sobre las que, como ya he comentado anteriormente, asesora al Consejo General, a los Consejos Autonómicos y a los Colegios Provinciales. 

Los miembros de la CCD son elegidos por la Asamblea General mediante votación entre los candidatos presentados por los Colegios de Médicos, los Consejos Autonómicos y por el Consejo General. Esta elección se ha llevado a cabo hace unos días. En el siguiente enlace podréis conocer como se ha llevado la renovación de los miembros de esta CCD:
http://www.medicosypacientes.com/articulos/ccd20615.html

Me he permitido informar en este Blog lo qué es una CCD y para qué sirve porque desde el año 2004 hasta el 2013 he pertenecido a ella como vocal y en los últimos 4 años como Secretario y valoro mucho la importancia que tiene este órgano consultivo y asesor. Además deseo aprovechar desde este rincón de la Ética y la Deontología Médica de nuestro Colegio de Médicos de Biakaia para agradecer a la Junta Directiva de nuestro Colegio y sobre todo a su Presidente, el Dr. Cosme Naveda, por la confianza que han puesto en mí una vez más para presentarme como candidato a esta CCD y a todos los miembros de la Asamblea General que me han votado para pertenecer de nuevo a esta Comisión. Espero trabajar en ella con gran ilusión para ayudar a la reflexión y a la buena práctica médica desde la Ética y la Deontología.

¡Muchas gracias!

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología.
Colegio de Médicos de Bizkaia.



domingo, 24 de mayo de 2015

Los médicos colegiados y sus colegios

Las relaciones entre el Colegio de médicos y los colegiados deben basarse en la lealtad y respeto mutuos así como en la voluntad común de cumplir los deberes estatutarios y deontológicos.
Algunos médicos colegiados que ostentan cargos jerárquicos a veces se resisten a acudir y colaborar a requerimientos del Colegio. Parece que ser consejero, gerente, director médico de un hospital, etc., justifica no responder a estos requerimientos. No es ni debe ser así. El Código de Deontología Médica (CDM) deja bien clara esta obligación en su Artículo 43.1: "El médico, cualquiera que sea su situación profesional o jerárquica, tiene el deber de comparecer al requerimiento que se le haga desde el Colegio".
Los colegiados han de colaborar con las juntas directivas de sus Colegios. Una manera de colaboración es la de participar en la elección de los cargos directivos y asistir a las asambleas. Hay que tener en cuenta que la poca participación en estos actos de responsabilidad democrática interna, conllevará a una debilidad de las instituciones colegiales tanto a nivel provincial, auntonómico o central.



Los colegiados estamos legitimados para exigir a los directivos colegiales provinciales, autonómicos y estatales que sean coherentes desde la Deontología y desde los Estatutos.
Para que un colegiado se sienta motivado a que su actividad profesional esté guiada por las normas que se establecen en el Código de Deontología Médica ha de sentirse protegido por su Colegio y por la Organización Médica Colegial. Nuestro Código obliga a quienes dirigen las instituciones colegiales a proteger de perjuicio a los colegiados por causa de ser fieles a sus convicciones ético-profesionales. El artículo 44.3 del CDM lo refleja claramente: "La Organización Médica Colegial defenderá a los colegiados que se vean perjudicados por causa del cumplimiento de este Código".
Los Colegios de Médicos no deben esperar a que llegue una denuncia sobre la presunta conducta inadecuada de uno de sus colegiados. Han de ser observadores vigilantes de conductas profesionales alejadas de las normas de Deontología debiendo actuar de oficio incoando el correspondiente expediente cuando las observaran.
También podemos colaborar con las instituciones colegiales contribuyendo a la formación de la Ética y la Deontología. Desde este Blog estoy en condiciones de compartir con sus lectores mi satisfacción con nuestro colegio que ha comprendido que tan importante como formar a los colegiados en hipertensión, en Diabetes, en cirugía oncológica, etc., es formar en los aspectos éticos y deontológicos de nuestra actividad profesional. 
He escrito este post para ayudar a reflexionar sobre lo importante que es nuestra relación como colegiados con la Corporación Médica Colegial. 
Muchas gracias, una vez más, por entrar en nuestro Blog.

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología del Colegio de Médicos de Bizkaia

sábado, 18 de abril de 2015

"Doctor, si solo es una firma..."

"Doctor, si solo es una firma..." Esta suele ser la entradilla de quien solicita un certificado médico de complacencia. Son bastantes la circunstancias en las que nos es solicitado un certificado médico para certificar algo que no se ajusta a la realidad clínica del enfermo: 

Padres que acuden al médico para que certifiquemos el buen estado de salud de su hijo para cumplimentar los trámites de matriculación en un centro educativo (Colegio, Universidad...). Los padres acuden con el impreso del certificado pero si su hijo, alegando que no puede acudir a la consulta, no puede perder clases. En el historial que poseemos de su hijo observamos que no hay ninguna anotación desde hace 5 años por lo que nos negamos a cumplimentar el certificado si previamente no exploramos y comprobamos que lo que vamos a certificar es cierto.

Quien acude solicitando que certifiquemos que padece una dolencia (inexistente) para retrasar la asistencia a un juicio por recomendación de su abogado.

Quienes acuden para poder argumentar una enfermedad (inexistente) ante la agencia de viajes y le devuelvan el dinero que adelantó para ese viaje del que ahora se ha arrepentido de contratar.

La lista de situaciones de este tipo podrían continuar, pero creo que son lo suficientemente representativas para contextualizar lo que deseo reflexionar en este post. Nuestra negativa a realizar estos certificados de complacencia nos dejan a los médicos en situación de "vaya borde, no me ha querido hacer un pequeño favor. ¡Si total sólo es una firma! ¡Que faena me ha hecho!"


Pero lo que ha colmado el vaso de mi enfado ha sido cuando estos días, previos a las elecciones, he recibido en mi consulta militantes de distintos partidos políticos con un listado de algunos de mis enfermos junto a su número de DNI, su fecha de nacimiento y una leyenda "no puede acudir a votar por padecer...". Junto a este listado le han entregado a mi enfermera un taco de impresos de certificados oficiales para cumplimentarlos con los datos aportados. Ante esta situación me planteo lo siguiente: no aportan fotocopia del DNI, no aportan consentimiento escrito del paciente y aunque así fuera, ¿voy a entregar certificados con las patologías de mis pacientes a cualquiera?. Compruebo el listado, y observo que algunos a quienes tenía que certificar que no podían ir a votar, habían venido a la consulta días antes sin ningún tipo de incapacidad. Llamo a aquellos pacientes que considero que sí están impedidos para poder ir a votar y les comento que deberá venir algún familiar suyo para recorrer dicho certificado. En ningún caso se lo voy a entregar a nadie extraño salvo que venga acompañado de su autorización escrita.

Llegado este momento me permito hacer alusión a nuestro Código de Deontología Médica:

Art.20.1.- "Cuando proceda o el paciente lo solicita, es deber del médico proporcionar un informe o un certificado sobre la asistencia prestada o sobre los datos de la historia clínica. Su contenido será auténtico y veraz y será entregado únicamente al paciente, a la persona por él autorizada o a su represente legal".

Art.20.3.- "Están éticamente prohibidos los certificados médicos de complacencia".

Desearía que estas situaciones nos harían reflexionar a todos: 
- A los médicos, para ser escrupulosos en nuestro ejercicio profesional no solo con el fonendoscopio o con el bisturí, sino también con el bolígrafo.
- A los pacientes, para que no exijan "estas chapuzas burocráticas" que le pondrían en una situación dificil al médico.
- A la sociedad en general, instituciones, partidos políticos... para que no induzcan a "banalizar" los actos médicos.

Os invito, en primer lugar, a divulgar este blog a través de las redes sociales y, en segundo lugar, a compartir con nosotros, en este Blog, situaciones similares que hayas vivido profesionalmente.

Muchas gracias una vez más por entrar en este Blog.


Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología Médica
Colegio de Médicos de Bizkaia.



domingo, 29 de marzo de 2015

Derecho a la sedación?

Sí. Sin duda alguna. Pero siempre que esté indicada. La sedación no debe administrarse "a la carta". Si la sedación está indicada y el médico se negara a realizarla, el enfermo sí la podría exigir como un derecho. Esto debe garantizar la ley, no que el médico esté obligado a realizarla ante la petición del enfermo aunque no estuviera indicada.

El 17 de marzo, los diputados franceses aprobaron con una amplia mayoría (436 votos a favor, 34 en contra y 86 abstenciones) la ley que permite la sedación "profunda y continua" de los pacientes en fase terminal,  al tiempo que cierra la puerta a la eutanasia y al suicidio asistido. 



A partir de entonces, varios medios de comunicación se hicieron eco de esta ley, pendiente de ser aprobada por el Senado, con los siguientes titulares:
"Francia adopta la sedación terminal, pero rechaza la eutanasia y el suicidio asistido" Quien titula esto explica que la norma autoriza a los médicos a que seden a los pacientes en fase terminal que lo soliciten mientras se les retira los tratamientos y aguardan la muerte.
"Francia aprueba el derecho de todos los pacientes a la sedación terminal"
"Francia debate un proyecto de ley para sedar a los enfermos paliativos hasta su muerte"
"Los diputados franceses aprueban por amplia mayoría la sedación terminal" La nueva norma francesa, escribe este medio de comunicación, autoriza a los médicos a que seden a los pacientes.
"La Asamblea Nacional francesa aprueba la sedación terminal". El medio de comunicación que titula así la noticia escribe lo siguiente: "La Ley hace obligatorio respetar el testamento vital de los pacientes"

Ante estas noticias deseo compartir algunas reflexiones en este Blog: 

Tal vez la Asamblea Francesa no se ha atrevido a aprobar la eutanasia ni el suicidio asistido y ha aprobado un derecho a la sedación sin matices, lo que pudiera hacer pensar que la sedación solicitada al médico con obligación de que éste la lleve a cabo pudiera ser empleada como una eutanasia disfrazada. Me temo que se trata de un marco legal para la sedación con el pretexto de que esta práctica, como tratamiento en el contexto de los cuidados paliativos, disimule la eutanasia.

La sedación, en sí misma, es un recurso terapéutico éticamente neutro; lo que puede hacerla éticamente aceptable o reprobable es el fin que con ella se desea conseguir y las circunstancias en que se aplica. Será aceptable éticamente cuando exista una indicación médica correcta y se hayan agotado los demás recursos terapéuticos. El fin que busquemos con la sedación será la medida para tasar el acto como ético.

Cuando el médico seda al enfermo que se encuentra sufriendo en fase terminal y lo hace con criterios clínicos y éticos no está provocando su muerte; está evitando que sufra mientras se muere.

Nuestro Código de Deontología Médica a este respecto dice lo siguiente: "La sedación en la agonía es científica y éticamente correcta sólo cuando existen síntomas refractarios a los recursos terapéuticos disponibles y se dispone del consentimiento del paciente implícito, explícito o delegado" (CDM. Art.36.5)

Es verdad que todavía hay enfermos que, a pesar de todos los recursos paliativos, tienen en algún momento de la evolución de su enfermedad uno o más síntomas refractarios al tratamiento que le provocan un sufrimiento insoportable. Esto obliga al médico a disminuir la consciencia del enfermo para garantizar una muerte serena.

Los médicos, en nuestro país, sabemos que tenemos varios imperativos éticos para una buena práctica al final de la vida: no abandonar al enfermo, controlar de manera enérgica los síntomas molestos, evitar medidas diagnósticas y estrategias terapéuticas innecesarias, sedarle cuando lo precise y, siempre, teniendo en cuenta los deseos del enfermo. No parece que tengamos que aprender nada nuevo de la Asamblea Francesa.

Pero sí es verdad que la necesidad de una atención médica de calidad al final de la vida para evitar el sufrimiento del enfermo es oportuno que se transforme en un derecho de los ciudadanos que se encuentren en esta situación clínica de la enfermedad.

Os animo a compartir vuestros comentarios sobre este tema para enriquecer este post. Muchas gracias por leerlo.

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia

viernes, 27 de febrero de 2015

La atención al enfermo oncológico en fase terminal desde la Deontología Médica

La atención al enfermo oncológico desde la Deontología Médica no es diferente de la atención a cualquier enfermo con otra patología distinta al cáncer, pero en este post deseo hacer referencia al contenido del tema que voy a abordar en el Encuentro Bilbaopraxis2015Cáncer que se va a celebrar los días 5 y 6 de marzo en nuestra villa. En el siguiente enlace podréis conocer el programa completo: http://www.bilbaopraxiscancer2015.com


En mi intervención con el título La atención al enfermo oncológico desde la Deontología Médica. Imperativos éticos abordaré los siguientes aspectos:

Cuidar a un enfermo oncológico en fase avanzada es complejo y requiere unas cualificaciones profesionales específicas, porque los conflictos éticos pueden ser diversos ya que en este caso los cuidados paliativos tienen que ver con la vida, la muerte, el sufrimiento, la fragilidad y la vulnerabilidad del enfermo. Hemos de tener en cuenta que no existe un “protocolo ético”; tendremos que conjugar la ciencia que nos dirá lo que hay que hacer en la mayoría de los casos y la sabiduría práctica (basada en la prudencia) que nos dirá lo qué hacer en ese caso concreto. Pero teniendo en cuenta los siguientes imperativos éticos: no abandonar al enfermo, librarle del dolor y de cualquier otro síntoma que le haga sufrir, evitar pruebas diagnósticas y tratamientos inútiles, sedarle cuando lo precise, siempre respetando los valores del enfermo.


Nuestro deber será intentar la curación o mejoría del enfermo siempre que sea posible. Cuando ya no lo sea, estaremos obligados a aplicar las medidas adecuadas para conseguir su bienestar, aún cuando de ellos pudiera derivarse un acortamiento de su vida. Nuestros enfermos ya saben que no somos unos dioses, lo que desean es que no les abandonemos cuando más lo necesitan. Desean tenernos a su lado con nuestro acercamiento humano para que le ayudemos en todas sus necesidades, porque cuando se encuentran en la fase avanzada de su enfermedad ya han comprendido que la técnica ya no les es útil para curar su enfermedad, pero sí tienen necesidad de las personas, de su familia, de sus amigos y de su médico. La atención médica al final de la vida es un derecho del enfermo y una obligación deontológica del médico con la que no precipitaremos deliberadamente su muerte, tampoco prolongaremos innecesariamente su agonía, pero sí ayudaremos a no sufrir mientras llega su muerte.

Nuestra misión ante el cáncer, como médicos, en primer lugar es evitar que el enfermo lo padezca con nuestros consejos y controles para conseguir su prevención; en segundo lugar, si no se ha conseguido prevenir, intentaremos curar la enfermedad y sus complicaciones; pero si no hemos conseguido ni lo uno ni lo otro aún nos queda la labor de paliar los síntomas para evitar su sufrimiento. Lo que nunca debemos hacer es abandonar al enfermo ni a su familia.

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio Médicos de Bizkaia






domingo, 15 de febrero de 2015

Hacia un uso adecuado de los recursos para mejorar la atención médica

Releyendo el documento "El buen quehacer del médico" que editó en 2014 la Organización Médica Colegial de España (OMC) me he detenido en el epígrafe Utilizar adecuadamente los recursos del sistema para proporcionar la mejor atención posible. (pág.62). Este documento lo podéis descargar en nuestro Blog Ética y Deontología Médica de Bizkaia:
https://www.colegiomedicosbizkaia.com/Adjuntos/ICOMBI/Boletines/PDF/20141124/BuenQuehacerMedico.pdf


Deseo en este post recordar algunas de la pautas que en él se indican para una actuación profesional de excelencia:

- "El médico debe interesarse y ayudar a sus pacientes en el manejo de las complejidades del sistema sanitario, y debe informarles adecuadamente sobre el uso y utilización razonable de los recursos humanos, materiales y tecnológicos disponibles en el sistema de salud."

- "El médico tienen obligación de apoyar la continuidad de la atención de los pacientes en todos los ámbitos." 

No olvidemos que una falta de continuidad  entre los distintos niveles asistenciales por falta de coordinación entre ellos provoca casi siempre un despilfarro y un uso inadecuado de los recursos que son finitos. 

- "El médico debe participar activamente en la disminución de los errores y en la mejora de la seguridad en las organizaciones asistenciales."

- "Si la seguridad de su paciente puede verse afectada por la insuficiencia de recursos o por las políticas o sistemas de provisión asistencial, el médico debe:
a. Rectificar la situación cuando le sea posible.
b. Denunciar la situación a las organizaciones e instituciones responsables y, cuando no es atendido, buscar ayuda en otras instancias según el artículo 45.2 del CDM ("El médico pondrá en conocimiento de la dirección del centro las deficiencias de todo orden, incluidas las de naturaleza ética, que perjudiquen la correcta asistencia. Si no fuera así, las denunciará ante su colegio, y en última instancia a las autoridades sanitarias, antes de poder hacerlo a otros medios").
c. "Dejar registro de sus preocupaciones y de las medidas adoptadas para tratar de resolverlas".

"La economía inevitablemente se relaciona con la medicina, dada la universalidad de su requerimiento, la búsqueda de la mayor atención al menor coste y la obligada coexistencia de un sistema sanitario digno y de la observación de los derechos que asisten a pacientes y profesionales. El enorme coste económico que conlleva, la influencia de la industria farmacéutica en sentido de servicio pero también de posible especulación de intereses, hacen que pueda ser cuestionable el conjunto del sistema y la búsqueda de los mejores fines teniendo en cuenta los medios en un marco de observancia ética y deontológica." (Manual de Ética y Deontología Médica. OMC. 2012)

Espero que estas reflexiones nos puedan ayudar a hacer un uso adecuado de los recursos para mejorar nuestra atención médica.

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia