domingo, 23 de noviembre de 2014

El uso de las redes sociales teniendo en cuenta la Ética y la Deontología Médica

Desde este Blog hemos tratado en varias ocasiones el tema del comportamiento de los médicos en las redes sociales:

¿Los médicos, nos comportamos éticamente en las redes sociales?:


Es un tema que siempre nos ha preocupado desde la Ética y la Deontología Médica. Nuestro Código también aborda este tema y nos recuerda cuál debe ser nuestro comportamiento en algunas situaciones concretas cuando usamos los medios de comunicación actuales. 

Pues bien un grupo de médicos y estudiantes de Medicina, que usan y conocen bien las redes sociales, han elaborado un Manual de estilo para médicos y estudiantes de Medicina


Este Manual es una herramienta muy útil para poder mantener nuestra corrección cómo médicos incluso desde nuestro ordenador, teléfono móvil, tablet, etc. En él encontraréis todas las situaciones en las que cuando empleemos estos medios de comunicación tengamos presente nuestra condición de médico y nuestra obligación de cómo comportarnos deotológicamente.

Os recomiendo que os la descarguéis, porque estoy seguro que os será muy útil.

Manual de estilo para médicos y estudiantes de Medicina. Sobre el buen uso de las Redes Sociales

Desde este Blog deseo agradecer públicamente a Rodrigo Gutierrez Fernandez, Marian Jiménez Aldasoro, Mónica Lalanda Sanmiguel, Rafael Olalde Quintana, Beatriz Satué Valvé, Rosa Taberner Ferrer, José Antonio Trujillo Ruiz, Jesús José Camacho Lucas-Torres, Emilio José Delgado Soto, Guillermo Jiménez Alvarez e Iris Mar Hernández, que han sido los autores de este estupendo Manual. ¡Muchas gracias por vuestro magnífico trabajo!

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología Médica
Colegio Médicos de Bizkaia

sábado, 8 de noviembre de 2014

Disponibilidad de la vida

Desde la ética, la doctrina sobre la disponibilidad de la vida se presenta con un carácter problemático ya que incide plenamente en un debate entre dos valores, el valor de la vida humana y el valor de la libertad personal. Si estos dos valores los consideramos por separado no hay problemas. El problema surge cuando estos valores entran en conflicto. Los jueces, los médicos y los familiares de los enfermos gravemente enfermos, así como cualquier ciudadano que se haya visto implicado en decisiones de este tipo ha podido percibir que, en la práctica, la articulación de vida y libertad es una tarea muy complicada y a menudo dolorosa. Reflexiones de este tipo surgen siempre que exista una persona para quien la expectativa de seguir con vida, en una situación que considera insoportable, resulta menos atractiva que la muerte.

Cuando se contempla la muerte como el final próximo, o incluso lejano, como consecuencia del diagnóstico que se ha confirmado, no es de extrañar que se desee la muerte lo antes posible y se solicite que se le ayude a acabar cuanto antes.



La mayoría de las veces que se plantea el asunto de la eutanasia, se hace a través del dilema de vivir las últimas fases de una enfermedad incurable con dolor grave y sufrimiento de todo tipo y no siempre bien atendidos, o bien solicitar un final lo más rápido posible. Ante esta disyuntiva, no es raro que mucha gente opte por la eutanasia. Algunos creemos que existe una tercera opción como es la de suministrar al enfermo los tratamientos paliativos necesarios para controlar los síntomas físicos y dar el apoyo necesario de tipo psicológico, emocional, social y espiritual, etc., tanto al enfermo como a su familia, para ayudarles a que no sufran durante su proceso de morir. Los últimos días de la mayoría de los enfermos pueden tener mucho significado si quienes les cuidan saben cómo hacerlo. En los enfermos, cuando no saben lo que les espera y no pueden prever cómo evolucionarán cuando se aproxima su muerte, ese desconocimiento se transforma en miedos. Pero cuando esos miedos son tratados por un profesional y le demuestra su interés por ayudarle en esos momentos, la petición de morir suele desaparecer.

Morir bien es una legítima aspiración de los seres humanos. Sin duda alguna, todos deseamos tener una buena muerte, morir bien. En este contexto, los profesionales de la salud estaremos obligados a ayudar a nuestros enfermos a que mueran bien.

Os animo a que enviéis vuestros comentarios. Estas reflexiones que comparto con vosotros, en este post, son desde mi dedicación, casi exclusiva, al acompañamiento y cuidados a enfermos incurables desde hace más de 21 años.



Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio Médicos de Bizkaia





domingo, 2 de noviembre de 2014

Cómo dar bien las malas noticias

Hemos vivido en un ambiente de paternalismo por parte de los profesionales y de los familiares en el que ambos preferíamos ocultar al enfermo su situación pensando que ocultarlo era lo mejor para él. Es muy frecuente que los familiares acostumbren a abordar este problema suponiendo que el enfermo ignora que padece una enfermedad incurable y de mal pronóstico y que hay que evitar que se entere de ello de cualquier manera. 

El Código de Deontología Médica, en su art. 15.1, nos recuerda que "El médico informará al paciente de una forma comprensible, con veracidad, ponderación y prudencia. Cuando la información incluya datos de gravedad o mal pronóstico se esforzará en transmitirla con delicadeza de manera que no perjudique al paciente".



Para dar las buenas noticias no suele haber dificultades para hacerlo bien. Pero,  dar bien las malas noticias es más complicado y precisa de ciertas habilidades de comunicación. 

Miembros del Grupo de Trabajo de la Organización Médica Colegial (OMC) Atención Médica al Final de la Vida elaboramos un documento para orientar a los profesionales cómo dar bien las malas noticias. En este post deseo destacar alguna reflexiones del citado documento que tal vez puedan ser útiles cuando tengamos que comunicar el diagnóstico de una enfermedad grave y su pronóstico.

Cada profesional debemos comunicar las malas noticias con nuestro propio estilo, ya que no existen fórmulas ni protocolos rígidos para ello. Pero lo que sí tendremos que tener en cuenta es que deberemos informar equilibrando veracidad y delicadeza. Además hemos hacerlo en un ambiente adecuado, sin interrupciones, donde el enfermo pueda expresar sus emociones. Comprobaremos cuánta información puede tener sobre su enfermedad, trataremos de conocer lo que desea saber y respetar el posible deseo de no conocer la verdad. Aunque es inevitable establecer pronósticos sobre expectativas de vida  evitaremos que sean demasiado taxativas ("seis meses", algo que se dice con muchas frecuencia). Siempre debemos procurar dejar una puerta abierta a la esperanza, incluso en las personas que tienen un pronóstico de vida muy limitado. Después de haber comunicado la mala noticia es necesario estar atentos a la reacción psicológica del enfermo. Y no olvidemos que la relación médico-enfermo queda muy reforzada cuando la información ha sido adecuada. Nos mantendremos cercanos al enfermo y transmitirle nuestro compromiso de ayuda a él y a sus familiares durante todo el proceso. Es preciso recordar que también debemos ser igual de delicados al transmitir la información a sus familiares. En ocasiones, la propia familia nos pide que no informemos al enfermo; en este caso tenemos que tener presente que nuestra obligación ética y profesional es con el enfermo y no con la familia. No obstante, debemos hacer un esfuerzo de comunicación con los familiares para implicarles en la información al enfermo.

No hay que informar al enfermo de su diagnóstico y pronóstico exclusivamente porque nos obliga la Ley, sino porque es un compromiso profesional ético y humano del médico.

Si conseguimos dar las malas noticias de forma que el enfermo no sea lo único que recuerde, seguramente habremos aprendido a dar bien las malas noticias.

Gracias una vez más por haber entrado a nuestro Blog de Ética y Deontología. Dad un paso más: participar con vuestros comentario.


Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio Médicos de Bizkaia