sábado, 8 de noviembre de 2014

Disponibilidad de la vida

Desde la ética, la doctrina sobre la disponibilidad de la vida se presenta con un carácter problemático ya que incide plenamente en un debate entre dos valores, el valor de la vida humana y el valor de la libertad personal. Si estos dos valores los consideramos por separado no hay problemas. El problema surge cuando estos valores entran en conflicto. Los jueces, los médicos y los familiares de los enfermos gravemente enfermos, así como cualquier ciudadano que se haya visto implicado en decisiones de este tipo ha podido percibir que, en la práctica, la articulación de vida y libertad es una tarea muy complicada y a menudo dolorosa. Reflexiones de este tipo surgen siempre que exista una persona para quien la expectativa de seguir con vida, en una situación que considera insoportable, resulta menos atractiva que la muerte.

Cuando se contempla la muerte como el final próximo, o incluso lejano, como consecuencia del diagnóstico que se ha confirmado, no es de extrañar que se desee la muerte lo antes posible y se solicite que se le ayude a acabar cuanto antes.



La mayoría de las veces que se plantea el asunto de la eutanasia, se hace a través del dilema de vivir las últimas fases de una enfermedad incurable con dolor grave y sufrimiento de todo tipo y no siempre bien atendidos, o bien solicitar un final lo más rápido posible. Ante esta disyuntiva, no es raro que mucha gente opte por la eutanasia. Algunos creemos que existe una tercera opción como es la de suministrar al enfermo los tratamientos paliativos necesarios para controlar los síntomas físicos y dar el apoyo necesario de tipo psicológico, emocional, social y espiritual, etc., tanto al enfermo como a su familia, para ayudarles a que no sufran durante su proceso de morir. Los últimos días de la mayoría de los enfermos pueden tener mucho significado si quienes les cuidan saben cómo hacerlo. En los enfermos, cuando no saben lo que les espera y no pueden prever cómo evolucionarán cuando se aproxima su muerte, ese desconocimiento se transforma en miedos. Pero cuando esos miedos son tratados por un profesional y le demuestra su interés por ayudarle en esos momentos, la petición de morir suele desaparecer.

Morir bien es una legítima aspiración de los seres humanos. Sin duda alguna, todos deseamos tener una buena muerte, morir bien. En este contexto, los profesionales de la salud estaremos obligados a ayudar a nuestros enfermos a que mueran bien.

Os animo a que enviéis vuestros comentarios. Estas reflexiones que comparto con vosotros, en este post, son desde mi dedicación, casi exclusiva, al acompañamiento y cuidados a enfermos incurables desde hace más de 21 años.



Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio Médicos de Bizkaia





1 comentario:

  1. Querido Jacinto, los que hacemos CP solemos enfrentar la eutanasia como una alternativa a los CP, que suele aparecer cuando éstos no se han hecho presentes, y creo que ha sido así hasta ahora, lo decimos habitualmente: "cuando nos llegan peticiones de eutanasia los de CP sabemos acompañarlas y aliviar el sufrimiento ligado a ellas, y acaban transformándose en situaciones de muerte natural sin sufrimiento, en pasz". En el caso de Brittany Maynard ¿había sufrimiento?, clínicamente no lo parece, ¿había de otro tipo? Quizás en un tiempo no veamos ya el concepto dolor total, quizás no veamos sufrimiento de origen espiritual o trascendente, porque la persona enferma no tenga esa dimensión trascendente, quizás un día veamos la eutanasia como otra medida más, posible, dentro de un servicio de cuidados paliativos ¿lo veremos? Creo que lo vemos ya y que las respuestas posibles ya no corresponden al campo de conocimiento de la medicina, la enfermería , la psicología...y pasa el terreno de la filosofía, de la antropología, de la fe; entonces es posible que a algunos profesionales sólo nos quede objetar en conciencia. Croe que el problema es que hoy , queriendo ser yo, sin ser nosotros, no llegamos a saber de dónde venimos ni dónde vamos, porque no tenemos más horizonte que la caducidad de nuestra biología, como el replicante de Blade Runner, peor que él, porque hemos perdido la capacidad de asombro y de ver más allá de nuestro "programa biológico". Recomiendo leer a Marcos Gómez Sancho y alguno de sus textos sobre el Ars moriendi.
    Gracias por tu constancia y compromiso. Saludos

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