domingo, 29 de junio de 2014

Edmund D. Pellegrino, reformador de la ética médica


Edmund D. Pellegrino, recientemente fallecido, fue un brillante reformador de la ética médica, un médico admirable que, pese a su grandeza, persiste poco conocido entre nosotros. 

Soy habitual lectora de Cuadernos de Bioética (revista de la Asociación Española de Bioética y Etica Médica) y cuando un día, recientemente,  vi en twitter un artículo sobre este gran bioeticista se me ocurrió que podría escribir algo sobre él para el blog de la Comisión de Deontología del Colegio de Médicos de Bizkaia. Y es que el número de Cuadernos de Enero a Abril de 2014 está dedicado de forma monográfica a este autor. En su prólogo se realiza una síntesis de sus valores: a caballo entre dos momentos históricos de la Medicina, Pellegrino percibió la crisis y ocaso de un modelo hipocrático del ejercicio médico, superado por las transformaciones de la sociedad y por la irrupción de la bioética —al menos en su país—; y por la incapacidad del pensamiento médico occidental de conservar lo esencial de su tradición moral de siglos; ahora en transformación y vapuleada desde las más diversas instancias, para bien y mal, de la sociedad. Así, de manera paulatina, su vocación por la educación médica de los primeros años, se fue deslizando hacia la ética médica, una pasión dominante que absorbió hasta el final sus principales energías. Su larga vida y experiencia y una mente brillante activa hasta su muerte permitieron, en suma, la importante producción intelectual que hoy conocemos: el inmenso esfuerzo de investigación sistemática sobre la identidad de la Medicina, y desde ella la configuración de una renovada ética médica.

Más, aunque la erudición y profundidad de su discurso, su reflexión sobre las fuentes de la moral médica y su diálogo con el pensamiento moderno, son relevantes, a muchos nos sorprende todavía más su valentía y libertad en la denuncia de las desviaciones de la Medicina de su país, la frescura de su crítica al mercantilismo y al servilismo de muchos profesionales a lo “políticamente correcto” y otros fanatismos de la cultura imperante, relativismo incluido.

En un momento de pérdida de valores, de pugna entre un autonomismo exaltado y los fines y bienes esenciales de la Medicina, la búsqueda de Pellegrino por la “esencia” de la Medicina —por su identidad más genuina— puede parecer ingenua, especulativa, un poco la voz del que clama en el desierto. Pero sería poco inteligente pensar que sus ideas no dejarán poso o se perderán, porque las modas se suceden y caen y los tiempos cambian y otros hombres barren lo inservible y recuperan lo valioso. El esfuerzo de Pellegrino y su esperanza en el médico de conciencia, como restaurador de la verdadera ética médica, no se perderá. Por eso parece de justicia, a quienes amamos la Medicina, volcarnos ahora sobre su obra y difundir su legado.

Dra Lourdes Mendiburu Belzunegui, vocal de la Comisión de Deontología
Colegio Médicos de Bizkaia

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