sábado, 9 de noviembre de 2013

Adiós, Antón

Se ha ido Antón, del que sus amigos y compañeros de la Comisión de Deontología siempre recordaremos el equilibrio en sus opiniones, su redacción justa y clara para expresar con brevedad la opinión consensuada de todos, su visión humanista de la Medicina y su generosidad en el trabajo. Los que hemos trabajado con Antón le hemos admirado y respetado por su experiencia en el acercamiento humano a los pacientes y a los colegas.

Permitidme que comparta en su adiós una vivencia personal con él. Cuando yo comenzaba a tener contacto con la Medicina conocí a quien todos sus amigos y colegas le llamaban Antón en el Hospital de Basurto. Desde entonces, no le perdí como referente de persona buena y de buen médico. Nos volvimos a encontrar en la Comisión de Deontología y durante muchos años hemos trabajado juntos aprendiendo siempre de él. Entonces le pedí que me ayudará a dirigir mi tesis doctoral como doctor que él era en Medicina e Historia. Durante más de dos años recibí sus consejos y me ayudó como se ayuda a hacer “los deberes” al hermano pequeño. Pero su enfermedad le obligó a abandonar la Comisión de Deontología con gran pena para todos los que la componíamos. Fue entonces cuando me dijo que tenía que cambiar de director de tesis porque ya no tenía fuerzas para ayudarme; las fuerzas ahora las tenía que dedicar a sobrellevar su enfermedad. Me pidió que invirtiéramos la ayuda, que a partir de ahora fuera yo el que le ayudara en su final como amigo y como experto en Cuidados Paliativos. Os aseguro que para mí ha sido un gran honor estar junto a Antón y Ana Mari, su mujer, cuando su enfermedad nos lo quería arrebatar de su familia y de sus amigos. Siempre me recibía con una sonrisa, mientras yo lloraba “por dentro” por no poder hacer más por quien tanto había hecho por mí, me enseñó a ser buena persona y buen médico, a ser “el médico fiel”. Al irme de su casa, donde aprendí cada día cuánto él quería a su familia y cuánto su familia le quería a él, siempre se despedía con un mensaje a través de su voz emocionada: “dales un abrazo a nuestros amigos de la Comisión con los que siempre me he sentido muy a gusto y muy querido”.

Deseo recordaros un pasaje de su segunda novela histórica, EL MEDICO FIEL, en la que Antón describe muy bien cómo hemos de comportarnos los médicos ante un enfermo al final de la vida:

“Yo vengo todos los días –siguió diciendo-, pero ya no sé que decirle a esta gente. –Tras hacer una pausa, le preguntó a su amigo- ¿Tú qué dices cuando un enfermo empeora y día está mal y el otro peor?
A veces, nada, porque tampoco sé qué decir.
Esto es lo terrible. Los médicos estamos obligados, cuando podemos a curar; aliviar el dolor cuando no podemos curar, pero lo malo es cuando las boticas no sirven ni siquiera para esto y ya le has dicho a la familia todo lo que sabes, porque también las palabras se acaban.
Tienes razón. Y tú, ¿cómo sales de ello?.
En esas circunstancias, querría salir corriendo y no volver más, que es, precisamente, lo que no podemos hacer. Cuando ya no se sé qué hacer me quedo sentado en una esquinita de la cama, les cojo de la mano con la excusa de tomarles el pulso, les miro a la cara y me callo…”

Como veis, Antón, hasta en sus novelas, transmitía mensajes con gran contenido de doctrina deontológica y, en este pasaje, nos da una gran lección sobre la atención médica al final de la vida.

Cuando acudía a visitarle, me sentaba junto a él le cogía de la mano y nos mirábamos. Con su sonrisa y su mirada me pedía que le ayudará a no sufrir.

Adiós Antón.

Jacinto Bátiz, amigo de Antón

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