lunes, 11 de enero de 2021

Concienciación de la juventud, y del resto también.


En noviembre asistimos a las fiestas de botellón de adolescentes en Artxanda y también a las trifulcas y alborotos de Vitoria-Gazteiz. El comentario de la chavalería era que entendía el problema del virus, pero que tenía derecho a divertirse. Seguramente sin caer en la cuenta de que el que mejor se lo estaba pasando era el virus.

También asistimos al “Black Friday” y el comentario generalizado de las personas paseantes era que había demasiada gente, como si entre “esa gente” no se sintieran concernidos.

El pasado ocho de diciembre nos sorprendimos de nuevo con la frase “que nos quiten lo bailao”, perteneciente a una fiesta ilegal celebrada en Derio por 67 jóvenes, que no menos retirarse ante la presencia de la autoridad, continuaron jactándose de lo que estaban haciendo, y solicitaban su marcha para continuar.

Este fin de año se han repetido por infinidad de lugares los cotillones o fiestas ilegales, tal y como hemos podido observar en los medios de comunicación.

Lo cierto es que el virus SARSCOV2 es altamente contagioso y la pandemia COVID ha puesto de manifiesto la importancia de las conductas individuales para controlar su propagación.

Podríamos decir que, en general, a la ciudadanía nos gusta que alguien mande, sentir que hay responsables a quienes responsabilizar y/o culpabilizar; de modo que quepa exigir a las y los demás el cumplimiento de las normas, mientras -a título individual- ver cómo podemos saltarnos esas obligaciones, disfrutando sobremanera y presumiendo además de ello, cuando hemos sido capaces de conseguirlo.

En realidad, nos hacemos trampas al solitario.



Debemos entender, de una vez por todas, cuáles son los riesgos y asumir nuestro papel, el de cada persona en esta pandemia, porque si bien las normas son generales, su cumplimiento es individual.

Apelar a la responsabilidad colectiva es lo mismo que exigir su justa reciprocidad de nuestra conducta individual, porque la salud de todas las personas está en riesgo.

Y ya sabemos que se contagian las y los más tontos ……y sus amigas y amigos.

Alberto Martínez Ruiz, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.


domingo, 6 de diciembre de 2020

Falsas Noticias / Fake News

Vivimos en unos momentos en los cuales tenemos acceso a toda la información disponible, desde cualquier dispositivo tenemos en nuestra mano, en cuestión de segundos, todo sobre todo.

Como todas hemos podido escuchar continuamente en diferentes medios las noticias falsas, también conocidas como fake news, están a la orden día teniendo que producirse desmentidos diariamente sobre cualquier tema de actualidad.

Por lo tanto, disponer de toda esta información puede ser un arma de doble filo ya que, como se ha comentado, no toda la información que nos llega es veraz, incluso en ocasiones no es información sino desinformación cuyo objetivo deliberado es el engaño. Esto mismo ocurre en temas de salud, con el agravante que en este caso puede ocasionarnos desde un grave perjuicio a incluso la muerte.

Desde hace tiempo, muchas personas están usando las redes sociales como altavoz, han ido exponiendo diversas opiniones falsas sobre tratamientos que no solo han demostrado no ser útiles, si no que además pueden provocarnos otras lesiones. Lo hacen amparándose primero en la libertad de expresión, y segundo en la desesperación de la población, ocasionada por los tiempos que estamos viviendo, y todo ello enmarcado dentro de un escenario, cuyo control es complicado.




Es por ello que cualquier información médica debe venir siempre de una o un profesional de la salud, es la única persona capacitada para poder dar consejos fidedignos en este campo, del resto siempre hay que, al menos, dudar.

Si para un problema de fontanería acudimos a un fontanero, ¿no es más importante nuestra salud? Acuda siempre a profesionales de la salud, y si con todo ello no consigue resolver sus problemas, existe la segunda opinión.

Rafael Abad Alonso, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.


sábado, 14 de noviembre de 2020

Aprender a mirar

 

El preámbulo de nuestro Código de Deontología Médica, habla de honradez y veracidad como actitudes que encarnan principios esenciales de la profesión médica. También habla de transparencia y de la necesidad de aceptar y corregir errores y conductas inadecuadas.

Resalto estas pinceladas del Código de Deontología Médica por el momento histórico que estamos viviendo, que no encarna precisamente esos valores profesionales. El día a día está cargado de desinformación, medias verdades y manipulación de datos que forman parte de nuestra vida cotidiana y nos dejan en un bucle sin salida. Sabemos de artículos científicos que se han retirado por su falsedad. Conocemos segundas intenciones o intereses a nivel de la gestión de la salud.

Esto me lleva a las siguientes reflexiones: ¿En qué punto nos encontramos en la asistencia clínica? ¿Está influida por esta corriente? ¿Cuál es mi actitud ética ante los pacientes del día a día?

Somos conscientes de errores de gran alcance humano por la gravedad de sus consecuencias y por el número global de los afectados. La soledad en el fallecimiento, en el duelo y en el curso de la enfermedad. La desatención de otras patologías cuyas consecuencias sospechamos, pero están pendientes de cuantificar. La exclusión de pacientes COVID-19 al acceso de recursos limitados, como ancianos que no han optado a ingreso hospitalario o pacientes que no han tenido la oportunidad de ciertas medidas intensivas. El desconocimiento exacto de si el triaje de recursos ha encajado de forma precisa con la evolución de esta enfermedad, si se han ajustado bien los criterios de ingreso hospitalario o en UCI. Y sin olvidar al personal sanitario entre los que el burnout es un dato constatable.

Ha habido aciertos y errores, algunos de los cuales han dejado en evidencia deficiencias que ya se conocían y estaban latentes. Estamos en el momento de realizar un análisis sincero para reconducir estrategias y mejorar la calidad de la práctica clínica. En primer lugar, es necesario detectar las debilidades y las fortalezas para diseñar un plan de implementación de cambios. Es aquí donde se resalta la sinceridad, transparencia, honradez. La negación, el ocultamiento de datos o disfrazar la realidad no son herramientas útiles. Se necesita la veracidad para avanzar. Los errores son una oportunidad de crecimiento. Aprendamos a mirar y que no nos pase como decía C.S. Lewis “Tuvimos la experiencia, pero no el aprendizaje”. Esto supone esfuerzo, vencer el conformismo, la pereza o el temor.


Existen deficiencias del sistema que no están en nuestra mano, por ejemplo, los problemas estructurales que competen a los gestores de salud, pero ciertas incapacidades individuales y de equipo sí están a nuestro alcance. De ahí mi reflexión personal sobre hacer autocrítica de mi práctica clínica en el día a día, en lo que es responsabilidad mía. Merece la pena realizar un esfuerzo especial en aplicar esa actitud con nuestros pacientes. La sinceridad, en general y con uno mismo, es un principio básico para poder conseguir una relación plena de entendimiento y confianza entre médico y paciente, como también lo es para conseguir la mejora continua de una asistencia médica de calidad.

Preámbulo del Código de Deontología Médica.

El fomento del altruismo, la integridad, la honradez, la veracidad y la empatía, que son esenciales para una relación asistencial de confianza plena.

La mejora continua en el ejercicio profesional y en la calidad asistencial, basadas en el conocimiento científico y la autoevaluación.

El ejercicio de la autorregulación con el fin de mantener la confianza social, mediante la transparencia, la aceptación y corrección del altruismo, la integridad, la honradez, la veracidad y la empatía, que son esenciales para una relación asistencial de confianza plena. (…)

 

Begoña Girbau Campo, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.

martes, 13 de octubre de 2020

Humanización en críticos en tiempos de COVID

Las Unidades de Cuidados Críticos son áreas donde ingresan las y los pacientes más graves del hospital. En ellas, la monitorización continua permite anticiparse en el diagnóstico y poder tratar de forma inmediata, posibilitando, en pacientes que su margen de reserva es mínimo, una oportunidad que de otra manera no tendrían.

En estas Unidades además de la monitorización continua, se administran tratamientos de soporte: respiradores (si fallan los pulmones), hemofiltración (si fallan los riñones), sistemas de depuración hepática MARS (si falla el hígado), bombas con nutrición enteral o parenteral, bombas con fármacos para mantener la hemodinámica, balón de contrapulsación, ECMO, sistemas neumáticos de compresión para evitar trombosis… Todo ello convierte el entorno en muy extraño para cualquier persona, y especialmente hostil para pacientes que no entienden lo que le está pasando.

En nuestras Unidades también intentamos atender al bienestar psicológico de pacientes, procurando, cuando las circunstancias lo permiten, un sueño fisiológico , con un descanso nocturno promovido por fármacos , intentamos además atenuar los ruidos en las Unidades, al mismo tiempo procuramos el respeto a la intimidad , favorecemos también el entretenimiento ( radio..) y de una forma más general, con ventanas en todas los boxes que permiten distinguir el día de la noche y con relojes que permitan conocer el momento del día. También medidas para evitar la agitación, el delirio o la desorientación.

Las médicas y los médicos especialistas que trabajamos en las áreas de cuidados críticos  abemos que las familias son un pilar fundamental en la evolución de todas y todos los pacientes, especialmente de aquellos que precisan de nuestros cuidados. Calman, reconfortan y aportan el toque de realidad cotidiana a ese entorno artificial al que el y la paciente son sometidos para que su estado de salud mejore. Por otro lado, somos conscientes del alivio que supone ser parte del proceso, sea cual sea el desenlace. “Estar ahí” es lo más valioso cuando el mundo de los familiares y amigos gira entorno a la impotencia. Impotencia por no saber, impotencia por no estar.

Últimamente nos encontramos en los medios de comunicación noticias (algunas más sensacionalistas que otras) que nos aterrorizan con la soledad que sufren las y los pacientes durante su ingreso.Es muy posible que uno de los grandes cambios promovidos por la pandemia en las Unidades de Críticos sea una mayor hostilidad de estas áreas, a las que debemos unir el aislamiento y los disfraces (EPIS), motivados por la covid, que disminuyen el contacto con las y los pacientes y que facilitan aún más su desorientación.

Por ello en estos días, uno de los retos a los que nos enfrentamos las y los profesionales sanitarios que trabajamos en las áreas de cuidados críticos es la inclusión de la familia en la evolución de nuestras y nuestros pacientes. Estamos viviendo un cierto grado de deshumanización forzada del proceso de acompañamiento en favor de la seguridad. La de la persona enferma, la de sus seres queridos y la de profesionales sanitarios. Sin embargo, lejos de aceptar esta situación como una realidad inamovible, la humanización en tiempos del Coronavirus se ha convertido en un desafío para el equipo.

A través de unos terminales móviles, cuando la paciente o el paciente están conscientes y su estado clínico ha mejorado, les ayudamos a realizar videollamadas con sus familiares o amigos. De esta forma, les acercamos en la medida de lo posible a sus seres queridos. Este pequeño gesto puede suponer una gran diferencia a nivel psicológico y un alivio para las dos personas a ambos lados de la pantalla. En circunstancias que también son duras para cualquier profesional, no nos imaginábamos que lo que nos sacaría una sonrisa serían el desafío de explicar a los familiares cómo instalar las aplicaciones necesarias para las videollamadas, o el compartir el nerviosismo de reencontrarse a través de una pantalla.


Por otro lado, realizamos todos los días llamadas informativas a los familiares de nuestros pacientes después de haber terminado de valorar, explorar, optimizar y adecuar su tratamiento. Explicamos el proceso, la evolución, e intentamos resolver dudas dentro de la limitación que supone la comunicación telefónica. Somos conscientes de que no es la mejor forma.

Habitualmente tenemos la oportunidad de sentarnos a hablar con los compañeros de nuestras y nuestros pacientes, de mirarnos de ser cercanos, de entendernos y de compartir opiniones , y estamos convencidos de que esa es la mejor manera de transmitir la información y mitigar los miedos y las dudas. Nos encantaría que fuera así ahora, pero por desgracia tenemos que adaptarnos a otras vías de comunicación más difíciles para todos. 

Con todo, sabemos que la información no es un acto complementario, sino que forma parte del propio acto clínico como un elemento esencial del mismo.


“El texto está basado parcialmente en un escrito del Servicio de Anestesia-Reanimación del Hospital Universitario de Cruces en el Facebook de OSI Ezkerraldea-Enkarterri-Cruces”.


Art. 16.1 Código de Deontología Médica: La información no es un acto burocrático sino un acto clínico


Alberto Martínez Ruiz, Vocal de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.

lunes, 3 de agosto de 2020

Doctora, ¿por qué no va a atender a mi padre?


No salgo de mi asombro.
Mi padre tiene 91 años y no suele quejarse, pero hoy, al llamarle a la residencia para ver qué tal estaba, me ha dicho entrecortadamente que no podía respirar. He hablado con Miren, la cuidadora que mejor se lleva con él y me ha dicho que no les permiten trasladarlo al hospital, que es muy mayor... Tiene que ser un error, pienso, voy a hablar con su médico...





La escasez repentina de medios sanitarios es una situación que no teníamos prevista. ¿Cómo nos va a pasar esto aquí, con una Sanidad pública en la que confiamos para resolver los problemas de nuestra salud? ¿Y ahora qué hacemos si no tenemos respiradores ni camas para todo el mundo?
Estamos al límite de nuestras fuerzas y no sabemos qué es lo mejor para todo el mundo.
¡¡Ya está!! Preguntemos a nuestros jefes o busquemos un protocolo que nos diga cómo actuar. 


... Y si el protocolo o las instrucciones dicen que no se hospitalice o que no se administren cuidados críticos a las personas mayores de 80 años... ¿obedecemos o nos planteamos qué deberíamos hacer desde el punto de vista de la ética profesional?

No tomamos decisiones clínicas no fundadas en criterios médicos objetivos. No discriminamos por sexo, raza, religión... ni edad. No lo hemos hecho ni deberíamos plantearlo ahora, con pandemia o sin pandemia.

“Todas las personas mayores independientemente de su edad y de si viven en la comunidad o en residencias, tienen el derecho constitucional de acceder a los servicios públicos de salud y no pueden ser discriminadas por razón de edad.
Para la derivación a recursos sanitarios especializados (hospitales de agudos y otros recursos intermedios medicalizados COVID), ni la edad, ni el hecho de vivir en una residencia, deben ser un criterio de no derivación”.
(Sociedades Española y Autonómicas de Geriatría y Gerontología SEGG 2-5-2020).


Art. 5.2 Código de Deontología Médica:  El médico debe atender con la misma diligencia y solicitud a todos los pacientes, sin discriminación alguna.

Isabel López-Abadía Rodrigo, Presidenta de la Comisión de Deontología Médica de Bizkaia.