viernes, 8 de diciembre de 2017

¿Certificado Médico? ¿Informe Médico? No es lo mismo.

No en pocas ocasiones se nos solicita a los médicos certificados médicos o informes médicos. Para la persona que nos lo pide cree que es lo mismo, lo que le interesa es que lo firme un médico. Pero para quienes tenemos que responder a la demanda del enfermo o de un familiar sabemos o debemos saber que no es lo mismo. Desde este Blog queremos recordar que no es lo mismo certificado médico que informe médico. 


Certificado médico, o certificación, es el documento expedido por el médico con el fin de dejar constancia del estado de salud, enfermedad o asistencia a un paciente. Se extiende a petición de la parte interesada (paciente, persona a la que el paciente autoriza por escrito o representante legal acreditado). Sirve para dar fe de un estado de salud actual y contemporánea, lo que se refleja en la fecha de petición y expedición del documento.

Informe médico, es el documento mediante el cual el médico responsable de un paciente, o el que lo ha atendido en un determinado episodio asistencial, da a conocer aspectos médicos relacionados con los trastornos que sufre, los métodos diagnósticos y terapéuticos aplicados, y, si procede, las limitaciones funcionales que se puedan derivar. Sirve para dejar constancia de un estado de salud, incluso anterior al de la fecha de petición; por tanto, su vigencia no está limitada a un periodo de tiempo. Su petición puede estar vinculada a motivos de interés particular o de orden legal o público.

Además de lo comentado en las definiciones anteriores, el informe y el certificado pueden contener la misma información sobre un paciente, pero en el certificado, la incorporación de la expresión “Certifico”, le dota jurídicamente de valor y otorga a su contenido un suplemento testimonial de garantía y compromiso. Y así como el informe no exige formalismos en el tipo de soporte de la información, el certificado puede ser requerido en un impreso oficial determinado.

El certificado como documento legal.- Desde la justicia hay otro aspecto a resaltar aunque creemos que es bien conocido: Las obligaciones emanadas de la cualidad del certificado como documento legal y la falta de exactitud o de veracidad,  es algo ética y deontológicamente rechazable y legalmente sancionable (falsedad documental).

El certificado médico está sujeto a las reglas de la responsabilidad profesional. La falta de exactitud o de verdad en un certificado médico puede ser causa tanto de responsabilidad penal, a tenor de lo establecido por el artículo 397 del Código Penal, como de responsabilidad civil, con obligación de reparar el daño causado. 

Además, el incumplimiento de lo dispuesto en el artículo 20 del Código de Deontología Médica, constituye una infracción deontológica potencialmente sancionable. Recordamos el contenido del citado artículo:

Art.20.1.- Cuando proceda o el paciente lo solicita, es deber del médico proporcionar un informe o un certificado sobre la asistencia prestada o sobre los datos de la historia clínica. Su contenido será auténtico y veraz y será entregado únicamente al paciente, a la persona por él autorizada o a su representante legal.
Art.20.2.- No es conveniente que el médico expida un certificado a familiares o personas que estén bajo su dependencia civil.
Art.20.3.- Están éticamente prohibidos los certificados médicos de complacencia.

Deseamos que con este post podamos aclarar algunas dudas sobre lo que es un certificado médico y un informe médico para que con nuestro bolígrafo podamos realizar una buena práctica medica de igual manera que lo hacemos con el estetoscopio, el bisturí o el microscopio.

Os animamos a que compartais vuestros comentarios a este post con vuestras experiencias en este sentido.


Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia



domingo, 8 de octubre de 2017

Los Cuidados Paliativos, un compromiso deontológico del médico

Desde hace unos años en el mes de octubre se celebra el Día Mundial de los Cuidados Paliativos. Una ocasión muy oportuna para recordar el compromiso que tenemos los médicos con las personas que padecen una enfermedad avanzada y terminal. Desde este Blog deseo desempolvar los compromisos que desde la Deontología Médica tenemos los médicos con estos enfermos y sus familias.

En mayo 2016 el Grupo de Trabajo de Atención al final de la Vida de la Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) elaboramos un comunicado titulado La agonía de los cuidados paliativos en España con el objetivo de advertir que sólo se está atendiendo a la mitad de los enfermos que necesitan recibir cuidados paliativos. En este comunicado al que tenéis acceso a través del siguiente enlace se reflexiona sobre la responsabilidad en esta agonía y sus graves consecuencias:
http://www.medicosypacientes.com/articulo/la-agonia-de-los-cuidados-paliativos-en-espana

No obstante, os destaco un párrafo de este comunicado para con-textualizar el titulo y el contenido de este post. Pero os invito a que leáis íntegramente dicho comunicado:

"Cada día mueren en España 140 personas con dolor y sufrimiento, perfectamente evitable si hubieran sido atendidos por equipos específicos de cuidados paliativos. Según un reciente informe (Directorio SECPAL 2015), actualmente sólo se están atendiendo a la mitad de los enfermos que necesitan recibir cuidados paliativos (alrededor de 51.800 personas atendidas al año frente a 105.268 que serían susceptibles de esta atención, para una población de 46,6 millones de habitantes)".




Ante esta situación agónica de los cuidados paliativos, ¿cuál es nuestro compromiso desde la Deontología?

El capítulo VII de nuestro Código de Deontología Médica (CDM) nos orienta a todos los médicos sobre cuál debe ser nuestra atención médica al final de la vida. 

Cuando estamos ante un enfermo incurable solemos pensar y a veces lo decimos, que aún es peor, "ya no hay nada que hacer". Esta frase nunca habría que pronunciar y ni siquiera pensar. Aún, en ese momento de enfermedad avanzada, incurable, en fase terminal, podemos hacer mucho para ayudar al enfermo y a su familia. El art. 36,1 del CDM nos dice cómo hemos de actuar:

"El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Cuando ya no lo sea, permanece la obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir sus bienestar, aún cuando de ello pudiera derivarse un acortamiento de la vida".

Hemos de adecuar el esfuerzo diagnóstico y terapéutico re-orientando nuestros objetivos a la situación clínica real del enfermo. Evitar aquellas pruebas y tratamientos que siendo inútiles en este momento y que le harían sufrir más que la propia enfermedad, teniendo en cuenta la voluntad y el deseo del propio enfermo, es una buena práctica médica como se refleja el en art. 36.2 del CDM:

"El médico no deberá emprender o continuar acciones diagnósticas o terapéuticas sin esperanza de beneficios para el enfermo, inútiles u obstinadas. Ha de tener en cuenta la voluntad explícita del paciente a rechazar dicho tratamiento para prolongar su vida. Cuando su estado no le permita tomar decisiones, tendrá en consideración y valorará las indicaciones anteriormente hechas y la opinión de las personas vinculadas responsables".

Ante el sufrimiento insoportable del enfermo, los médicos debemos emplear todas las estrategias terapéuticas para eliminar su sufrimiento no para eliminarle a él. El CDM, en su art. 36.3 es muy tajante en este asunto:

"El médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siguiera en caso de petición expresa por parte de éste". 

Cualquier medida, tanto diagnóstica como terapéutica, que vayamos a adoptar ante una enfermedad avanzada y terminal tenemos que tener en cuenta lo que el enfermo ha expresado por escrito para cuando no lo pueda expresar por estar inconsciente. El art. 36.4 del CDM nos orienta en este sentido:

"El médico está obligado a atender las peticiones del paciente reflejadas en el documento de voluntades anticipadas, a no ser que vaya contra la buena práctica médica".


Cuando los enfermos, a pesar de todos los tratamientos empleados, tienen en algún momento de la evolución de su enfermedad, uno o más síntomas que no responden al tratamiento y que le provocan un sufrimiento insoportable, los médicos estamos obligados a disminuir la consciencia del enfermo, no para acelerar su muerte sino para evitar que sufra mientras llega su final. El art. 36.5 del CDM nos va a indicar en qué condiciones está indicada la sedación paliativa:

"La sedación en la agonía es científica y éticamente correcta sólo cuando existen síntomas refractarios a los recursos terapéuticos disponibles y se dispone del consentimiento del paciente implícito, explícito o delegado".

En ocasiones, después de haber sido muy exquisitos profesional y humanamente en los cuidados que hemos ofrecido a los enfermos y a su familias durante su fase terminal, se puede estropear todo el proceso con ciertas trabas burocráticas concretada en la firma del certificado médico de defunción. También nuestro CDM, en su art. 36.6 nos orienta para poder evitar esta complicación burocrática:

"Aunque el médico que haya tenido la mayor carga asistencial sobre el paciente es el que tiene la mayor responsabilidad ética de cumplimentar el certificado de defunción en todos sus apartados, no es deontológicamente aceptable rehuir el compromiso de certificarla cuando se produce si se ha presenciado la misma, se conoce al paciente o se tiene a disposición la historia clínica".

Soy consciente de que este post es bastante largo, pero creo que merece la pena que lo leamos porque si los profesionales que tenemos la responsabilidad de la atención médica al final de la vida de los enfermos, no tuviéramos en cuenta este compromiso desde la Deontología para el enfermo y sus familiares, sí que el sufrimiento de ellos seria largo.

Dr. Jacinto Bátiz
Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia

domingo, 1 de octubre de 2017

La compasión, la competencia y la autonomía como base de la Ética Médica

La compasión con el enfermo, la competencia del médico y la autonomía del enfermo, junto con el respeto de los derechos humanos fundamentales, sirven de base a la Ética Médica.

Para poder explicar este primer párrafo voy tratar de definir los tres conceptos desde la Ética Médica:

La compasión es el entendimiento y la empatía del médico ante lo que le ocurre y le preocupa al enfermo. Esto es esencial en la práctica de la medicina. Hay que recordar que si el médico se dispone a tratar los problemas del enfermo lo primero que ha de hacer es identificar los síntomas que refiere y sus causas de fondo para poderle ayudar a lograr su alivio. Los enfermos responden mejor al tratamiento si perciben que el médico aprecia sus preocupaciones y les trata a ellos en lugar de tratar sólo su enfermedad. La compasión dignifica, hace más humanos, a quien la ofrece y a quien la recibe.

"La asistencia médica exige una relación plena de entendimiento y confianza entre el médico y el paciente." (CDM, art.8.2)

"El médico tiene el deber de prestar a todos los pacientes una atención médica de calidad humana y científica". (CDM, art.21.1)


La competencia es lo que se espera y se necesita del médico. Si el médico careciera de competencia profesional estaría poniendo en peligro la vida de su enfermo. Esta competencia está asegurada por el largo periodo de formación que tenemos los médicos. Pero si tenemos en cuenta el rápido avance en los conocimientos médicos, mantenernos competentes es un continuo desafío. Además, no solo debemos mantener los conocimientos científicos y técnicos, sino también los conocimientos y actitudes éticas, ya que los nuevos problemas éticos se plantean con los cambios en la práctica médica y su entorno social y político. 

"La formación médica continuada es un deber ético, un derecho y una responsabilidad de todos los médicos a lo largo de su vida profesional" (CDM, art.7.3)

"El médico debe abstenerse de actuaciones que sobrepasen su capacidad. En tal caso, propondrá al paciente que recurra a otro compañero competente en la materia". (CDM, art.22.1)

"Si un médico observara que por razón de edad, enfermedad u otras causas, se deteriora su capacidad de juicio o su habilidad técnica, deberá pedir inmediatamente consejo a algún compañero de su confianza para que le ayude a decidir si debe suspender o modificar temporal o definitivamente su actividad profesional. (CDM, art.22.2)


La autonomía del enfermo es el valor central de la Medicina que más ha cambiado en los últimos años. Los médicos tradicionalmente hemos gozado de un amplio margen de autonomía clínica para decidir cómo tratar a nuestros enfermos. La profesión médica ha tenido la libertad de determinar los niveles de educación y prácticas médicas. Es verdad que los médicos seguimos valorando nuestra autonomía clínica y profesional, pero al mismo tiempo hemos aceptado nuestra obligación de respetar la autonomía del enfermo, siendo los propios enfermos los que decidan en definitiva sobre los asuntos que les afectan. Hemos de tener en cuenta que el respeto a las decisiones autónomas de los enfermos se ha impuesto en la práctica médica diaria como norma reguladora de las relaciones entre profesionales y enfermos.

"La principal característica de la relación médico-paciente, es en la actualidad, el reconocimiento médico de la autonomía del paciente. La ley es respetuosa con la idea de que quien mejor conoce lo que es más favorable para sí mismo es el propio paciente, después de ser correctamente informado" (Manual de Ética y deontología Médica. OMC, 2012, paf.53).

"El médico respetará el derecho del paciente a decidir libremente, después de recibir la información adecuada sobre las opciones clínicas disponibles. Es un deber del médico respetar el derecho del paciente a estar informado en todas y cada una de las fases del proceso asistencial. Como regla general, la información será la suficiente y necesaria para que el paciente pueda tomar decisiones" (CDM, art.12.1)


El objetivo de haber compartido estas reflexiones en este Blog es el de recordar nuestro compromiso profesional con el enfermo desde la Ética y desde la Deontología. Os animo a que podáis compartir vuestras reflexiones con vuestros comentarios.


Dr. Jacinto Bátiz
Presidente de la Comisión de Deontología
Colegio de Médicos de Bizkaia


domingo, 17 de septiembre de 2017

No abandonar al enfermo

Abandono consiste en la falta de atención adecuada a las necesidades del enfermo y su familia. Entre sus motivos destacan la falsa idea de que "ya no hay nada que hacer" sobre todo en la situación terminal de una enfermedad debido a una formación insuficiente en cuidados paliativos, así como el miedo o sensación de fracaso profesional. En Medicina Paliativa, son claros ejemplos de abandono el no atender bien lo síntomas de la persona que sufre, no utilizar la sedación cuando ésta está indicada o no informarle adecuadamente. 





En El buen quehacer del médico (OMC, 2014) que recoge las pautas para una actuación profesional de excelencia sobre el abandono del enfermo, podemos leer algunas recomendaciones:

"Los buenos profesionales de la medicina desarrollan una actitud compasiva, cuidan a sus pacientes, procuran su bienestar, y previenen y tratan sus enfermedades, acompañando todo el proceso"
"Si la pérdida de confianza entre el médico y su paciente pone en peligro la buena atención clínica, el médico debe terminar su relación profesional, asegurando la continuidad de su asistencia médica y evitando siempre el abandono de su paciente".

En la Medicina actual, no tiene cabida la impericia terapéutica ante el sufrimiento del paciente en fase terminal. No es ético, ni el tratamiento insuficiente, ni el excesivo, ni el abandono. El Código de Deontología Médica  (OMC, 2011), en el art. 36.1, explica claramente que ante un enfermo incurable no es una buena práctica médica el abandono del paciente: 

"El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Cuando ya no lo sea, permanece la obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir su bienestar, aún cuando de ello pudiera derivarse un acortamiento de la vida".

Nuestros enfermos ya saben que no somos unos dioses, lo que desean es que no les abandonemos cuando más lo necesitan. Desea tenernos a su lado con nuestro acercamiento humano para que le ayudemos en todas sus necesidades. El enfermo, cuando es consciente que su situación clínica es grave y que no tiene solución, ha comprendido que la ciencia médica ya no les útil para curar su enfermedad. Pero tiene necesidad de las personas, de su familia, de sus amigos y de su médico.

Espero que este este post nos haga reflexionar sobre una obligación deontológica que tenemos los médico y que no debemos ignorar: No abandonar al enfermo.


Dr. Jacinto Bátiz
Presidente de la Comisión de Deontología del Colegio de Médicos de Bizkaia

martes, 1 de noviembre de 2016

¿por qué? ¿para qué? y ¿cómo? investigar desde la Ética y la Deontología Médica


Hace unos días celebramos en el Colegio de Médicos de Bizkaia la actividad formativa XI Ronda de Deontología. Ética e investigación. Cada una de estas rondas tratan de abordar temas de interés para nuestros colegiados y otros profesionales interesados en el tema a abordar, desde la Ética y la Deontología Médica. En esta ocasión la dedicamos a la investigación médica y nos encargamos varios miembros de la propia Comisión de Deontología: Agurtzane Ortiz que actuó de moderadora y nos recordó los distintos artículos del CDM que tienen relación con el tema a abordar, Begoña Girbau que explicó el proceso de validar desde la ética un trabajo de investigación como es una Tesis Doctoral, Isabel López Abadía desde su experiencia en los Comités de Ética en investigación humana y con animales en la Universidad y yo mismo como coautor del documento Valores de la Medicina en el Siglo XXI en la Investigación (OMC, 2006).  

En este post deseo compartir algunas de las reflexiones que compartí en la citada Ronda de Deontología. 


Investigar en Medicina es buscar respuestas a las preguntas que plantean los problemas de salud del ser humano. Por ello, la investigación debe estar siempre presente como una actitud en la práctica clínica del médico porque la Medicina se cuestiona permanentemente nuevos interrogantes en su misión al servicio de la Humanidad.

La investigación es un imperativo ético para la comunidad que forman los profesionales de la salud y especialmente para los médicos. Gracias al modelo biomédico de la investigación se han producido avances indiscutibles que han supuesto enormes beneficios para la humanidad. Pero un enfoque exclusivamente biológico se ha mostrado insuficiente para dar respuesta a las necesidades de salud de las personas. Hay que tener en cuenta que la interacción  de factores biomédicos, de factores genéticos, de factores sociales y de factores psicológicos, influyen en las causas y el desarrollo de las enfermedades.

Si pretendemos que la investigación en el siglo XXI responda a las necesidades de una medicina más humanizada es preciso que el modelo clásico de predominio técnico-experimental se complemente con dos áreas que conviene impulsar:
La investigación psico-social centrada en la dimensión más humana que es imprescindible para comprender al paciente y su modo de reaccionar ante la enfermedad y el sufrimiento, para lo que habrá que potenciar la investigación cualitativa.
La investigación en epidemiología y Salud Pública. Los trabajos y las inversiones que se realicen para promover la salud deben basarse fundamentalmente en datos epidemiológicos rigurosos. Hemos de tener en cuenta que la dimensión comunitaria puede ser decisiva para dar soluciones a determinados problemas de salud.

Me permito compartir algunas reflexiones que me plateo como aplicaciones y prioridades de la Investigación. Establecer la prioridades de la investigación médica es una cuestión de ética social a la que no siempre se ha prestado la debida atención. La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos recuerda que sólo el 5% del gasto mundial en investigación sanitaria está relacionado con las necesidades de los países en vías de desarrollo, que son los que sufren el 93% de la mortalidad prematura. Es de especial importancia la investigación sobre las causas de mortalidad prematura evitable: accidentes de tráfico, de trabajo, hábitos de vida poco saludables, suicidios, etc. La investigación sobre cuidados paliativos y el tratamiento del dolor está todavía en sus inicios y se debe seguir impulsando. Es preciso buscar la mejor evidencia científica a fin de mejorar la calidad de vida, la calidad de vida de quienes sufren enfermedades crónicas, degenerativas o en situación terminal, plantea ya un desafío que será creciente en el futuro. Esta  investigación deberá ayudar a encontrar mejores formas de tratar la morbilidad, la discapacidad y la dependencia que la prolongación de la vida conlleva.

Por otro lado, es necesario incrementar la investigación sobre aspectos de la tecnología médica, que abarque tanto los sistemas de información y procesamiento de datos como los medios de diagnóstico y tratamiento, promoviendo la evaluación de la  tecnología y de los resultados. Debe estudiarse la efectividad real de las actuaciones sanitarias, no basándose sólo en los resultados de los ensayos clínicos que por definición modifican la realidad de la asistencia sanitaria.

Además debemos ampliar o intensificar la investigación en una serie de problemas y áreas de la salud que son objeto de preocupación o expectación social: medicinas alternativas, enfermedades raras, actividades preventivas, salud mental, educación para la salud de la infancia.

Para poder realizar esta investigación desde la Ética y la Deontología Médica tiene que respetar los principios de autonomía, beneficencia y no maleficencia, cumpliendo además criterios de eficiencia y equidad. Sin olvidar que los médicos debemos siempre tener al paciente como su primer interés y la investigación debe ir en su beneficio. Si hubiese un conflicto de intereses en la investigación que estemos realizando siempre debe prevalecer el interés del paciente.

Tal vez los médicos hemos reflexionar sobre lo que escribió Friedrich Nietzsche, “la vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”, y consigamos que la investigación esté siempre presente como una actitud en nuestra práctica clínica.

Espero que este post os anime a investigar para ofrecer a nuestros enfermos lo mejor.

Dr. Jacinto Bátiz, Presidente de la Comisión de Deontología Médica
Colegio Médicos de Bizkaia.




domingo, 1 de mayo de 2016

Técnicas de reproducción asistida en pacientes con enfermedad psiquiátrica: una mirada desde la Deontología Médica

Las técnicas de reproducción asistida (TRA) han constituido uno de los avances científicos más importantes del pasado siglo. Este avance ha llevado consigo una abundante reflexión ética, filosófica, jurídica y económica, siendo objeto de  profundos debates desde su inicio.

El principal objetivo en las TRA es satisfacer el deseo gestacional  y conseguir  nacimiento de un niño sano. Es lógico pensar que  el bienestar del niño ha de tenerse en cuenta en la valoración del tratamiento, por lo que  se deben imponer consideraciones éticas que procuren al futuro niño la mayor probabilidad de un buen porvenir. Esta consideración ética se hace imprescindible en pacientes con enfermedad psiquiátrica o en situaciones de exclusión social.



El día 10 de Noviembre de 2015 se celebró la IX Ronda Deontológica  en el Colegio de Médicos de Bilbao en la  que se planteó un debate multidisciplinar sobre los aspectos deontológicos de la utilización de las técnicas de reproducción asistida en pacientes con enfermedad psiquiátrica grave. Partiendo de casos clínicos, iniciamos la ronda teniendo en cuenta los  diferentes puntos de vista de los profesionales implicados en la atención sanitaria de las madres y los recién nacidos. Participaron en la Ronda como ponentes la Dra. Begoña Prieto, ginecóloga, la Dra. Blanca Morera, psiquiatra, el Dr. Pérez Legórburu, Neonatólogo, e Iñaki Gallo asistente social.

El Código de Deontología Médica, en el  Art. 51.3, en relación a las técnicas de reproducción asistida, establece que ante el progreso de las nuevas técnicas y de los avances en el conocimiento del genoma humano, el médico ha de tener presente que no todo lo que es técnicamente factible es éticamente aceptable y que su conducta se orientará por criterios éticos. En  los casos de Pacientes con enfermedad psiquiátrica grave o en casos de exclusión social, la decisión de  realizar o no realizar una técnica de reproducción asistida  debe de ser valorada por un comité multidisciplinar. Es una decisión compleja, con importantes implicaciones tanto éticas como legales.

La Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida en su disposición adicional quinta, afirma:
"…las personas con discapacidad gozarán de los derechos y facultades reconocidos en esta ley, no pudiendo ser discriminadas por razón de discapacidad en el acceso y utilización de las técnicas de reproducción humana asistida".

La difícil decisión pone en conflicto dos valores fundamentales, por un lado el derecho de la mujer a no ser discriminada por el hecho de padecer una enfermedad psiquiátrica, y por otro, el derecho al bienestar del futuro niño.

Ninguna patología psiquiátrica, per se, supone una incapacidad para el ejercicio de la parentalidad, a excepción de demencias graves o discapacidad intelectual severa. La capacidad de generar, en un futuro, un entorno seguro para el menor que atienda a sus necesidades básicas debe de ser tenido en cuenta en todos los casos en los que se realiza una técnica de reproducción, y especialmente en los casos en los que este bienestar tiene más posibilidad de ser vulnerado.

Es evidente que se trata de una decisión compleja, porque en el fondo lo que estamos valorando es la capacidad parental de una mujer o de una pareja. En este punto nos preguntamos, ¿Es posible valorar la capacidad parental?, ¿Es ético realizar una valoración de la capacidad parental teniendo en cuenta un único punto de vista? Respondiendo a la primera cuestión, la valoración de la capacidad parental se hace en nuestra sociedad en todos los casos de adopción de menores, siguiendo unos protocolos establecidos, afianzados y avalados por el tiempo. En cuanto a la segunda pregunta, debemos decir que esta valoración no debe realizarse teniendo en cuenta el criterio de un único evaluador.

No es posible hacer una valoración desde un único punto de vista, ni de una manera global. La valoración debe ser individual, caso a caso, y por un equipo multidisciplinar que tenga en cuenta la salud física y psíquica de la madre y del futuro niño.

En el momento actual, esta decisión queda  únicamente en manos del ginecólogo, que realiza la técnica de reproducción  asistida, la mayor parte de las veces. No existen comités multidisciplinares que hagan una valoración adecuada de estos casos.

Las conclusiones más relevantes de esta Ronda de Deontología, y que deseo compartir en este Blog, podrían resumirse en los siguientes puntos:

*   Primera. Las Técnicas de Reproducción Asistida son una prestación dentro del Servicio Vasco de Salud y su acceso universal debe de estar basado en una buena práctica clínica, teniendo en cuenta los principios de equidad y Justicia. La buena práctica clínica obliga a considerar los aspectos relativos a la salud física y psíquica tanto de la madre como de la futura descendencia. Así, cualquier circunstancia que suponga un claro riesgo para la madre o el futuro niño, debe de ser evaluada como posible razón de exclusión en las TRA.

*   Segunda. En el caso de las mujeres con enfermedades psiquiátricas  graves, es imprescindible una adecuada valoración personalizada e individual de cómo el trastorno afecta a la capacidad parental, tanto transversal como longitudinalmente. Esta valoración debe evitar una discriminación irreflexiva, especialmente en una población tan estigmatizada.
*   
    Tercera. Sería recomendable establecer tanto un protocolo que establezca los límites al acceso de la TRA, como la formación de grupos multidisciplinares que ayuden en la toma de decisión de aceptación/rechazo al acceso.
   
S   Conocer vuestros comentarios enriquecería este debate. Os animo a compartirlos en este Blog.
     
    Dra. Merche Fraca, miembro de la Comisión de Deontología Médica 
    Colegio Médicos de Bizkia
c